Editorial

El racismo contra un jugador brasileño

martes, 26 de marzo de 2019 · 00:15

Un jugador afrobrasileño ha hecho noticia en Bolivia. Sergio Henrique Francisco, conocido como Serginho, que juega en Wilstermann, abandonó un reciente partido al no poder tolerar más los insultos racistas que recibió de la barra de Blooming. Los extraviados fans del equipo cruceño lo insultaron acremente y hacían ruidos imitando a los monos, entre otras cosas peores. Los irreflexivos comentaristas de Tigo Sport, que transmitían el encuentro, avalaron los insultos.

Este diario se solidariza con Serginho y con su protesta. Abandonar el campo de juego ha servido para que los bolivianos iniciemos un debate importante sobre el racismo dirigido a las personas de raza negra. Hasta el presidente Evo Morales se refirió al tema. Se ha hablado mucho en el país sobre la discriminación a los sectores indígenas de Bolivia, que afortunadamente se ha reducido en los últimos años, aunque obviamente no se ha eliminado.

Pero sobre la relación con la minoría afroboliviana y en general las personas negras, en Bolivia no se habla. Nuestro racismo en ese sentido es todavía más primitivo, porque no lo consideramos importante. Es normal, por ejemplo, que personas se pinten el rostro de negro para ir a una fiesta de disfraces, algo que en otros países es considerado profundamente insultante e hiriente. No en Bolivia.

En medio de esos actos vergonzosos, la peor respuesta vino del equipo que ocasionó el problema. El presidente de Blooming, Juan Jordán, acusó al jugador brasileño… ¡de haber “provocado” a la barra de su equipo! Después de todo lo sucedido, Jordán pidió que el jugador sea suspendido por un año y que se le quiten nueve puntos a Wilstermann. Es el mundo al revés. Como se ve, en el país, casi nadie tiene la capacidad de pedir disculpas por sus actos.

La respuesta de este equipo es una verdadera vergüenza, no solo nacional, sino internacional. Los dirigentes de Blooming no admiten el error, no proponen una manera de resolverlo ni se comprometen a cambiar. De la manera más boba posible, y atolondrada, le echan la culpa al jugador que ha sido víctima en este asunto. No ha faltado el comentarista deportivo que dice que “así es en el fútbol”. Es algo penoso.

El racismo en los estadios es un fenómeno internacional, pero decreciente. La FIFA, con campañas al respecto, ha logrado reducirlo. También ha forzado acciones para que las barras que cometan esas faltas sean sancionadas. Son los equipos de fútbol, especialmente en Europa, los que castigan a sus propios seguidores cuando se cometen dichos actos. No en Bolivia, donde, como hemos visto en este lamentable episodio, se hace exactamente lo contrario.
 

 

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