La retórica de las mentiras y amenazas

domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:15

El MAS ha cosechado triunfos sutiles pero importantes esta semana. En primer lugar, la Alcaldía paceña y más precisamente la gestión de Luis Revilla ha sufrido dos fuertes sacudones. 

El primero se veía venir y es el problema de la instalación de un nuevo botadero para La Paz. Una mezcla de cansancio y miedo de los vecinos -bien azuzados por intereses que buscan ahondar temores e incertidumbres sobre el tema-, y complejidades propias de un problema arrastrado sin solución por varias décadas, ha dado lugar a que las obras para un nuevo relleno sanitario en Patapampa (Achachicala) deban ser suspendidas y se cierna sobre la ciudad nuevamente el fantasma de la basura en las calles. 

Afortunadamente, los vecinos de Alpacoma (Achocalla) han aceptado que se continúe usando ese relleno por una semana más...

En medio de esta crisis y cuando Revilla creía que nada peor podría suceder, una concejala de su entorno, Cecilia Chacón, denunció al menos cinco  irregularidades  en la aprobación del convenio entre la Alcaldía de La Paz y el empresario Edwin Saavedra Toledo y sostuvo que en el  trámite  intervino  la esposa de su colega Fabián Siñani, anteriormente señalado por tráfico de influencias. 

A Revilla le toca despejar las denuncias de Chacón, no sin antes asumir la fisura creada en su alto mando, pues Chacón ha sido hasta ahora prominente dirigente de SOL.bo.

El otro triunfo del MAS ha sido ver de palco cómo dos diputados de Óscar Ortiz  (Wilson Santamaría y Rafael Quispe) acusaban al exvocero del mar y candidato por Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, de haber recibido fuertes sumas de dinero por su gestión ante La Haya. Carlos Mesa respondió airadamente, reafirmando (algo que ya había dicho antes y en varias ocasiones) que trabajó ad honorem, y planteando un proceso por difamación a los asambleístas. Posiblemente para el expresidente Mesa hubiese sido más efectivo poner en evidencia el interés electoralista de sus acusadores que molestarse en procesarlos.

Dos victorias para el MAS porque sin moverse de su sitio -aunque esto no signifique no mover ciertas fichas estratégicas- pudo poner en entredicho a sus principales adversarios y exhibir cómo estos se pelean entre sí, incluso entre correligionarios, como el caso de SOL.bo.

Un balance positivo para el oficialismo, que bien podría ser más contundente de no ser por la obsesión de los candidatos del MAS por la maltraída retórica del miedo y la mentira. 

Esto ya se puede considerar un sello del partido oficialista, especialmente del Vicepresidente, quien a pesar de la fama que ha adquirido por mentir, no parece estar dispuesto a redimirse. Solamente en estos días, el Vice ha dicho que la oposición quiere devaluar el Boliviano; les ha dicho a los niños y jóvenes alteños que “los gobiernos de antes solo iban a El Alto a matar a sus papás”; y ha elogiado la presencia de autos chutos (ilegales) en los Yungas. 

Lo mismo podría decirse del discurso triunfalista sobre el mar a pesar de la contundencia de la derrota en la Corte de La Haya. Aunque es cierto que los bolivianos no renunciarán a una salida soberana al Pacífico y que la mediterraneidad es un problema para el que no se dejará de buscar soluciones, forzar una lectura de victoria muestra un lado débil del MAS.

La retórica de la mentira, de la amenaza y el temor para los ciudadanos  sigan apoyando a un binomio que ha estado 14 años en el poder,  puede no ser la más efectiva. Además del rechazo a estos candidatos por no respetar el voto popular el 21F e imponer su candidatura, este mensaje de confrontación y amedrentamiento ya no convence a tantos como en el pasado.

A seis meses de la elección, y antes de que oficialmente arranquen las campañas, asistimos a un desfile de cifras y anuncios optimistas para el futuro de parte del MAS, que continúa en su apuesta por la estabilidad versus el miedo y la mentira, cosechando además triunfos como los comentados, en una oposición dispuesta a devorarse a sí misma.

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