Editorial

Otra vez Tariquía está en riesgo

jueves, 07 de marzo de 2019 · 00:15

Se acaba de producir un nuevo engaño de parte de las autoridades. En mayo del año pasado, el ministro de Hidrocarburos, Alberto Sánchez, dijo que el Gobierno había decidido cancelar la exploración en las áreas petroleras de la reserva de Tariquía, en el departamento de Tarija.

La decisión de cancelar esa inversión petrolífera, de 682 millones de dólares, se produjo tras una larga lucha de dirigentes cívicos, activistas medioambientales y grupos indígenas, quienes  rechazaban la idea de que un área protegida de tanta importancia y riqueza como la de Tariquía pudiera ser afectada por actividades petroleras, que se sabe dañan a la naturaleza.

“Se suspende la inversión de exploración en Tariquía por acciones contrarias por parte del gobernador, alcalde, asambleístas departamentales y Comité Cívico de Tarija”, declaró Sánchez en ese momento. El ministro fue más allá y dijo entonces que los montos previstos de inversión iban a ser trasladados para realizar exploraciones en el río Madre de Dios, en el norte amazónico boliviano.

Decimos que éste resultó ser un nuevo engaño porque menos de un año después de esa declaración, personal de YPFB Chaco y Petrobras, acompañado de una veintena de policías, ingresó al parque para realizar las obras preliminares a la  exploración.

Aduciendo que en los procesos de “consulta previa”, realizados en comunidades indígenas, éstas aceptaron esas operaciones, y exhibiendo una ficha ambiental, el Gobierno volvió a ingresar en el parque, de crucial importancia en el equilibrio ecológico del sur boliviano y norte argentino. Los líderes indígenas denunciaron que la “consulta previa” es inválida porque fue realizada “inadecuadamente” y prometiendo dádivas de parte del Estado.

La biodiversidad de este parque es enorme, tiene registradas 808 especies de flora (su número total se estima en 1.500) y 406 especies de fauna, algunas de ellas amenazadas, como el mono silbador, el oso jukumari, el jaguar y el puma, entre otras. Entre las 400 especies de aves que se cree existen en la zona destacan la pava del monte, el tero-tero y el tucán.

Activistas del medioambiente han señalado que los riesgos principales para esta área son los daños que pueden causarse a las fuentes de agua, además de la deforestación. También las tareas sísmicas, es decir, las explosiones provocadas para detectar dónde están los campos gasíferos, provocan que los animales se desorienten y se afecten sus ciclos reproductores.

Es triste y cuestionable que, después de 13 años de extractivismo boyante, el país no consiga diversificar su matriz productiva y persista en la idea de atentar contra el más valioso patrimonio que tiene: las reservas naturales.
 

 

 

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