Editorial

Haití, el tercero en discordia

sábado, 09 de marzo de 2019 · 00:15


Mientras el mundo contiene la respiración esperando un desenlace que no llega en Venezuela, y Nicaragua aprovecha esa circunstancia para ganar tiempo, es difícil encontrar información sobre Haití y su crisis, que en febrero cobró más de 20 víctimas y que estuvo a punto de defenestrar a su presidente, Jovenal Moise, en medio de protestas que han vuelto aún más insostenible la situación del país más pobre del continente.

El país caribeño casi no consigue sobreponerse a la desgracia. A su constante inestabilidad política que lo ha llevado de dictaduras a gobiernos febles que han compartido con las primeras la práctica de la corrupción y el despotismo, se han añadido desastres como el terremoto que prácticamente destruyó el país en 2010  y que dejó 200 mil víctimas.

Es paradójico, pero, pese  a su pobreza consustancial, Haití ha tenido monarcas y ostentosos mandatarios. Precisamente uno de los problemas que más recientemente ha convulsionado el país ha sido la constatación de que la millonaria ayuda que llegó a raíz del devastador terremoto  no ha ido a parar al pueblo, que sufre grandes carencias, sino al bolsillo de las autoridades.

El conflicto de las pasadas semanas tiene que ver con lo mismo, se acusa al gobierno de Moise de mal administrar y enriquecerse con el programa Petrocaribe, a través del cual Venezuela suministra petróleo a este país a bajos precios.

Una auditoría presentada a inicios de febrero por el Tribunal de Cuentas reveló irregularidades entre 2008 y 2016 en este programa y señaló a 15 exministros y actuales funcionarios que están involucrados en este caso, así como una empresa que dirigía Moise antes de llegar a la Presidencia.

La presencia e influencia norteamericana en Haití es otro punto de análisis. El gobierno de Moise, que es catalogado como títere de Trump, ha tenido en las semanas pasadas reuniones con representantes estadounidenses para hallar una salida a la crisis y ofrecer una mayor institucionalización democrática como respuesta a las protestas.  

Sin embargo, puede que sea tarde: las manifestaciones han aumentado la inseguridad en Haití y han provocado un clima de incertidumbre que se ha instalado en la población de forma irreversible. Como corolario, se vive una severa crisis económica, que se agravó por una fuerte depreciación del gourde, la moneda oficial, y una inflación galopante.

Mientras EEUU espera la caída de Maduro, apuesta por la permanencia de Moise para que no se profundice el caos en el país caribeño. Parece que ambas cosas son inevitables, aunque en el ajedrez de la geopolítica la crisis haitiana sea solo un conflicto colateral.

 

 

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