El Robo, una película para denostar adversarios

domingo, 14 de abril de 2019 · 00:15

Parece ser que el Gobierno tiene una inclinación en contratar a extranjeros para denostar a sus adversarios políticos. Pero sus intentos al final terminan siendo ineficaces, casi contraproducentes.

Ahora se trata de una película, denominada El Robo, que estuvo a cargo de productores mexicanos contratados por la empresa Neurona  de ese país. Para hacer la película, el Estado erogó 783 mil bolivianos, unos 112 mil dólares, destinados a realizar un filme que pretende hacer ver que prácticamente todos quienes participaron de gobiernos anteriores, como expresidentes, incluso los fallecidos, exministros, exviceministros, exasesores y empresarios  se corrompieron en el marco de la capitalización.

La privatización y capitalización fueron procesos polémicos, pero legales. En ese tiempo se vendieron, después de la aprobación de leyes específicas, empresas estatales, muchas de las cuales estaban en quiebra.

La capitalización tuvo luces y sombras. Entre los éxitos está haber favorecido una gran inversión en exploración gasífera, que logró luego exportar gas a Brasil y Argentina. Hasta hoy, a 13 años de iniciado el gobierno del presidente Evo Morales, la totalidad de los campos en operación provienen de esa época. No hay uno solo del gobierno actual. Pero seguro que también se cometieron excesos y fallas.

De ahí a gastar 112 mil dólares  en una contratación directa  para denigrar a los rivales políticos, es inaceptable. Es dinero de los bolivianos usado para favorecer a un partido determinado y, más importante, para ayudar al “candidato presidencial permanente”, como es Evo Morales. Cómo quisieran los verdaderos cineastas bolivianos tener ese dinero para hacer sus propias películas, no las de propaganda estatal.

El filme El Robo tiene un paralelo con la película El cártel de la mentira, realizada por  el videasta argentino Andrés Sal.lari, quien recibió, por ese y otros trabajos, 70.000 dólares del Estado. Nuevamente, ¡cómo se hubieran beneficiado los documentalistas bolivianos si hubieran podido tener esos presupuestos para realizar trabajos, no para vilipendiar a los adversarios del MAS!

El cártel de la mentira, con sus ataques a los periodistas independientes bolivianos, resultó un fiasco, el enésimo ejemplo de malgasto de recursos estatales. Tuvo un efecto búmeran, porque la gente entendió que no se puede usar dinero del Estado para presionar a la prensa y, por otro lado, favorecer al presidente de turno. Lo mismo sucederá con la película El Robo. Nadie se tragará una versión unidimensional, exagerada e ideologizada de eventos sobre los que gran parte de la población ya tiene una opinión formada.

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