Editorial

Un gesto chileno

sábado, 20 de abril de 2019 · 00:10

La semana pasada, la Cámara de Diputados de Chile, por 65 votos a favor, 24 en contra y 31 abstenciones, aprobó un “proyecto de acuerdo” en el que solicita al presidente de ese país, Sebastián Piñera, retomar el diálogo con Bolivia para restablecer su embajada en La Paz y normalizar las relaciones entre ambos países, rotas en 1978.

Esta iniciativa es la primera —y positiva— señal chilena hacia Bolivia desde el fallo de la Corte Internacional de Justicia en La Haya, que sostiene que Chile no tiene obligación de negociar un acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico.

En contraste con el pasado, no ha habido en Bolivia estridencias, ni señales de despecho  ni venias para la galería. Altas autoridades bolivianas —los ministros de Gobierno y Justicia, por ejemplo— han calificado esta iniciativa chilena como saludable y positiva.

Es en el vecino país donde se ha producido un chirrido. Como un eco del pasado, el exdiputado chileno Jorge Tarud ha minimizado la importancia de ese gesto, calificándolo como “una declaración de intenciones bastante desubicada”, y señaló que esa Cámara de Diputados emite “proyectos como ese, todos los martes, miércoles y jueves”, y que la mayoría de ellos no son vistos por el presidente.

Está dentro de las posibilidades que la resolución de los diputados chilenos no llegue a buen puerto, por múltiples motivos. Quizás el más importante de ellos sea el sentido de oportunidad: Bolivia ingresa de lleno en período electoral, con la incertidumbre que ello crea acerca de quién será el próximo interlocutor.

Y en ese sentido, los dos principales contendores tienen sus bemoles: la belicosidad del presidente Evo Morales durante el juicio de La Haya disminuyó su idoneidad como interlocutor, mientras que el candidato y expresidente Carlos Mesa también tuvo su cuota de cuitas, aunque diferentes, con Chile. Con todo, podría ser que sobre los hombros de uno de ellos caiga la tarea ineludible de reconducir la relación bilateral, dentro del nuevo contexto impuesto por el fallo del 1 de octubre hacia, ojalá, unas relaciones diplomáticas plenas.

Es cierto, quizás el presidente Piñera ni siquiera tome en cuenta la propuesta camaral. En el corto plazo, ello apenas importará, porque en el largo plazo será inevitable que ambos países se acerquen: estamos condenados a ser vecinos.  ¿Por qué no ser vecinos normales? La resolución camaral chilena es una señal en esa dirección. Y la diplomacia se nutre de señales, tanto como de hechos y palabras. El nuevo período abierto por La Haya es tierra incógnita, pero el gesto chileno y la serenidad con que fue recibido por Bolivia  son pasos en la dirección correcta.

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