Editorial

Fallida oferta de tierras a migrantes

miércoles, 22 de mayo de 2019 · 00:15

Son muchas las ofertas que ha lanzado Evo Morales y que no se han cumplido. Una vez señaló que “cada casado tendrá su casa”, señalando que los que contrajeran matrimonio recibirían una vivienda gratuita. En otro discurso presidencial dijo que en Bolivia se adoptaría el seguro de desempleo, mediante el cual todas las personas sin trabajo recibirían un monto mensual. Esas y muchas otras elucubraciones del Presidente quedan en nada.

En ese grupo parece que debe incluirse la promesa, recientemente realizada, de que entregaría a entre 50 y 500 hectáreas de tierras a los bolivianos residentes en Argentina que decidieran volver al país.

Fue otra idea lanzada al fragor del momento, sin analizar que las dificultades para distribuir tierras productivas son enormes. En primer lugar está el hecho de que por lo general la tierra tiene un dueño que en muchas ocasiones son pueblos indígenas. Segundo, para habilitar nuevas tierras en el oriente se deben deforestar grandes extensiones de terreno, una decisión de terribles consecuencias.

Tampoco parece existir para los migrantes bolivianos un plan que establezca qué producir y dónde, además de evaluar si quienes quieren usar esos terrenos saben de agricultura o no, y finalmente prever mercados y posibles créditos productivos para ellos. No había nada preparado.

Pero los bolivianos residentes en Argentina confiaron en la palabra del Presidente y se fueron al consulado de Bolivia en Buenos Aires. Allí les dijeron que no existía un plan formal de lo que había dicho Morales. Una delegación de ellos, entonces, se trasladó a Bolivia, informó este diario hace unos días, para hablar con personal del INRA. Recibieron la misma respuesta, con un aditamento: para que cualquier trámite se inicie, por lo menos 15 familias deben estar de acuerdo y organizarse previamente. Luego, si hubiera tierra fiscal disponible, y ya saneada, se analizaría su pedido.

No es fácil. Hace unos meses, unas 39 familias fueron asentadas por el INRA dentro de la reserva forestal del Paquió, en Roboré. Por lo visto, no había más tierra disponible que esa. La protesta decidida contra la presencia de campesinos en un área protegida hizo que finalmente las autoridades retiraran a esas personas de allí. El asentamiento llamado Túpac Amaru  deforestó unas 65 hectáreas para tareas agrícolas. No se supo dónde fueron llevadas.

Dos males ha cometido el Presidente en este caso: en primer lugar, animarse a lanzar una promesa como si el país fuera su chaco y él pudiera dar o quitar a su gusto. La segunda es que ni siquiera la oferta tenía una base más o menos formal para ser analizada con los incautos interesados.
 

 

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