Editorial

Mentiras de Sánchez sobre Boyuy X2

viernes, 24 de mayo de 2019 · 00:15

El ministro Luis Sánchez dijo en enero pasado, respecto del pozo Boyuy X2, que “el éxito es que hemos encontrado un mar de gas en las profundidades del Subandino Sur, desde Tarija hasta Santa Cruz. Es un megadescubrimiento, es un océano, un mar de gas. Para todos los que dicen que no hay gas, esta es la prueba, es el descubrimiento más importante de las últimas décadas”.

Se ha confirmado que esta información es falsa. A los 8.000 metros de profundidad, no se encontró gas en cantidades que sean comercialmente viables en ese pozo. Las perforaciones comunes para hallar ese carburante son de 3.000 metros.

Esta situación no es algo que deba alegrarnos, obviamente. Los ingresos del gas son para todos, aunque sea el Gobierno el que los administre y, muchas veces, los use para construir elefantes blancos, como fábricas de úrea, de azúcar o de litio que no producen pese a los cientos de millones de dólares invertidos.

Como sea, no es una buena noticia que Boyuy X2 haya fracasado. La monoproductora economía boliviana depende en exceso del gas y, en general, de las materias primas. Que los campos de gas estén en declinación y que el gobierno actual no haya podido poner ninguno en funcionamiento todavía, luego de 13 años de gestión, es preocupante. Un asunto más preocupante aún es que, según la interpretación que han realizado expertos en el tema legal, el Estado deberá pagar unos 138 millones de dólares a la empresa Repsol por la inversión que realizó. Paradójicamente, y contradiciendo la retórica gubernamental, el Estado terminará entregando recursos a la empresa trasnacional que hizo el trabajo.

Eso no es todo. Según información del sector hidrocarburífero, Repsol deseaba suspender la perforación cuando se llegó a 4.000 o 5.000 metros de profundidad. El Gobierno, desesperado de tener más ingresos, pero sobre todo, por alimentar su campaña propagandística, necesitaba mostrar un triunfo. Según esa información, las autoridades demandaron a la empresa encargada, Repsol, a seguir perforando, pese a que todo indicaba que era una tarea casi sin posibilidades de éxito. Si esa versión se confirmara, esas autoridades deberían ser investigadas por el daño económico que se causará al Estado.

La producción de gas en el país está a la baja y bordea los 55 millones de metros cúbicos diarios, un 10% menos que hace unos años. Con los niveles actuales de producción no se puede satisfacer los contratos con Brasil y Argentina. Esto implica nubarrones para el futuro de la economía nacional.

Es hora de que el ministro Sánchez diga la verdad sobre Boyuy y sobre la real situación de Bolivia como productor de gas.
 

 

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