El desorden de las fuerzas del orden

domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:17

La Policía Boliviana y las Fuerzas Armadas pasan por profundas crisis internas, luego de que sus miembros se vieran involucrados en delitos y conductas cuestionables, que van desde conducir un vehículo por una zona rosa de Oruro hasta tener nexos con el narcotráfico y la corrupción.

Las instituciones del orden del país están en el completo desorden, a tal punto que han puesto en entredicho la capacidad del gobierno de controlarlas.

   Algunos jefes militares están envueltos en actos de corrupción cometidos en la Unidad de Ejecución de Lucha Integral Contra el Narcotráfico (Uelicn), dependiente del Ministerio de Gobierno. Mientras que jefes policiales están involucrados en el narcotráfico.

En el caso Uelicn, los militares acusados recomendaron la contratación de la empresa Horizontal para el mantenimiento de las aeronaves destinadas a la lucha contra el narcotráfico. Los contratos se hicieron de manera directa, todos fueron direccionados a la misma empresa, los familiares de los contratantes trabajaban en la empresa contratada y algunos de los acusados se fueron de viaje a Colombia con los gastos pagados por la compañía beneficiaria.

Y, lo que es peor, la empresa que debía importar repuestos para reparar y mantener las naves no internó ningún ítem para ese fin.

 Es un caso que involucra, por un lado, a los militares que recibían el servicio de la empresa y, por otro, a los funcionarios del Ministerio de Gobierno que hicieron las contrataciones.

Entre tanto, en el caso de narcotráfico están involucrados jefes policiales que se relacionaron con el narco Pedro Montenegro, a quien no detuvieron pese a existir una orden de captura internacional y, por el contrario, viajaron con él a Colombia, lo condecoraron y asistieron a sus fiestas.

Además de estos dos grandes casos, existen otros de menor calibre, pero igual de importantes para configurar una imagen de las dos entidades.

Por ejemplo, hace poco tres militares (un capitán y dos tenientes), integrantes de la seguridad del presidente Evo Morales, fueron dados de baja después de haber sido hallados en estado de ebriedad y vistiendo uniformes militares en un vuelo de Boliviana de Aviación (BOA) que cubría la ruta Cobija-La Paz. Los uniformados, que tenían como destino final Tarija, se mostraron agresivos y tuvieron un comportamiento inaceptable, al punto que la tripulación pidió su desalojo.

Otro militar, un sargento de la unidad de lucha contra el contrabando, fue detenido en Oruro por intentar darse a la fuga cuando estaba en la zona de los lenocinios de esa ciudad en estado de ebriedad. Luego se le decomisaron unos 18.000 bolivianos, que el hombre había colocado dentro de su ropa interior.

Estos casos hacen recuerdo a otro que tuvo que ver también con personal relacionado directamente con el Presidente. Se trata de la pérdida de la medalla presidencial, que fue olvidada frente a un burdel de El Alto   por el teniente Juan de Dios Ortiz.

En esa ocasión,  Ortiz dejó la medalla en su vehículo, en una bolsa negra de basura. Después se supo que la había tenido consigo durante días, en varios viajes, período en que el teniente nunca informó sobre ello, pese las normativas de la bóveda del Banco Central, en la que se encuentra.

No es exagerado decir que existe la impresión de que se vive el derrumbe de las entidades uniformadas. Este descontrol se debe probablemente a que el gobierno las ha dejado actuar libremente, dándoles elevados beneficios, y encargándoles trabajos fuera de su competencia, como luchar contra el contrabando.

Son numerosas las ocasiones en las que el Ejecutivo ha protegido a uniformados, tanto militares como policías. Es que esas dos instituciones son dos de sus sostenes principales. En el caso específico del Presidente, como éste juega fútbol casi a diario con su personal de seguridad, y como Morales no critica el exceso de consumo de alcohol, es posible que sus miembros hayan pensado que tomarse unos tragos antes de abordar un avión no era nada malo.

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