Editorial

Negociación ante la crisis de Venezuela

miércoles, 08 de mayo de 2019 · 00:15

Nuevamente Venezuela captura el interés de los medios internacionales. El 30 de abril se informó sobre una sublevación militar, iniciada con la liberación de Leopoldo López, el más famoso preso político venezolano. El líder opositor y “presidente encargado de Venezuela”, Juan Guaidó, difundió un video en el que señalaba que estaba, junto a López, en la base área La Carlota, que supuestamente las fuerzas insurrectas habían ocupado.

Con el paso de las horas, sin embargo, la situación fue variando y la supuesta revuelta no resultó tal. Ni Guaidó ni López estaban realmente dentro de esa base militar, sino en su ingreso, y ningún otro jefe militar se sumó a la asonada. Posteriormente hubo masivas manifestaciones reprimidas violentamente por el Gobierno, hasta que en horas de la noche estaba claro que el régimen de Nicolás Maduro seguía en pie.

Existen diversas versiones de por  qué fracasó este intento de golpe de Estado. Una de ellas señala que, a último minuto, algunos jefes militares rebeldes desistieron de seguir con la revuelta. Otra señala que existía un plan acordado con altos mandos militares para forzar la salida de Maduro, pero que el Gobierno ruso intervino y lo impidió. Otra explicación es que el afán protagónico de López hizo fracasar el plan. En fin. Fue un intento fracasado más.

Por otro lado, está claro que Guaidó ha energizado a la oposición de ese país en los últimos meses, pero no con la suficiente fuerza política y en las calles como para forzar la salida de Maduro. Su liderazgo, que es evidente, no es suficiente para lograr la transición política en ese país, sumido en el caos económico, en una bárbara inseguridad ciudadana y en un ambiente de creciente violación a los derechos humanos y políticos.

Guaidó, a diferencia de López, está protegido debido a que una cincuentena de países lo consideran como el Presidente de esa nación. Por lo tanto, tiene una amplia capacidad de movimiento y de cierta influencia externa: por ejemplo, el BM ha reconocido al delegado enviado por Guaidó como el legítimo representante de Venezuela, por encima del que nominó Maduro. Mucho más poder, tampoco tiene.

El régimen, por otro lado, se cae a pedazos. La escasez de alimentos y medicinas es angustiante, como son casi ya diarios los racionamientos de electricidad y agua y la hiperinflación es inimaginable. El día de la revuelta, ningún jefe militar o líder chavista salió a criticar a Guaidó durante varias horas, como esperando a ver cómo se desenvolverían los hechos. Ello demuestra divisiones internas y que algunos militares no descartan alguna inclinación hacia una salida negociada.

Si bien Guaidó no puede tomar el poder, tampoco Maduro puede gobernar plenamente. Más de 50 países del mundo, entre ellos casi todos los de las Américas, no lo reconocen como legítimo, mientras las sanciones económicas de EEUU han empezado a afectar aún más la ya insostenible situación del país.

Como ninguno de los dos bandos puede derrotar al otro, no hay otra opción para Venezuela que una negociación. Lo que Juan Guaidó y la oposición deberían poder ofrecer es por lo menos una “salida honorable” para Maduro,  sus colaboradores y familiares. Incluso, se puede ir más allá, como aprobar una amnistía general. Esa posibilidad obviamente irrita e indigna a las víctimas de la satrapía madurista, pero éstas no tienen mucho más que hacer. Ofrecer a Maduro la cárcel para él y sus ministros y legisladores si sale del Gobierno, no lleva a nada. En ese caso, simplemente se aferrarán al poder con todas sus fuerzas y reprimirán aún más a la ciudadanía.

Muchas transiciones se han logrado de esa manera, mediante acuerdos y concesiones. Numerosos dictadores aceptan abandonar el poder cuando se les dan garantías, aunque sean temporales. 

La otra opción es más atractiva desde el punto de vista de la justicia: sancionar a los corruptos y masacradores. Pero ello genera más violencia y más dudas sobre el resultado final. Venezuela desespera por esta salida que no puede ser sino negociada.
 

 

Confidencial

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