Editorial

Insuficientes camas de terapia intensiva

martes, 11 de junio de 2019 · 00:15

La política del gobierno en el sector salud se basa, en gran medida, en la propaganda. Como se ha visto en varios estudios y especialmente en los hechos, la salud pública en el país ha sufrido un gran deterioro: el crecimiento de la demanda no ha sido acompañado por una buena oferta ni en términos cuantitativos ni cualitativos. 

Así, por ejemplo, sin los recursos necesarios ni la infraestructura mínima requerida, las autoridades lanzaron el SUS para dar un supuesto servicio gratuito a toda la población, algo que ni siquiera algunos países de Europa han logrado financiar. 

Esta misma realidad se refleja también en la cantidad de camas de terapia intensiva disponibles en centros de salud públicos. Éstas alcanzan a sólo 202 en todo el país, para una población de 11 millones de habitantes. Para ofrecer un servicio algo más efectivo se necesitaría multiplicar ese número por lo menos por tres, para tener unas 600 camas a disposición de los hospitales estatales o los que dependen de la Caja Nacional de Salud. En Chile, con 18 millones de habitantes, existen 1.400 camas de esas características.

Solamente contando las camas de terapia intensiva del sistema público (sin incluir las de la Caja Nacional), éstas alcanzan a 157. Esas camas, que deben ser usadas por personas que están seriamente enfermas o han sufrido accidentes y que tienen riesgo de muerte, están ubicadas en Santa Cruz, donde hay 41. Le sigue La Paz con 33 (pero actualmente 17 no funcionan). Chuquisaca tiene 21 camas. En los otros departamentos está el resto, excepto en Pando, donde no hay ninguna, según un reciente reportaje de Página Siete.

Estas camas pueden costar 30.000 dólares o más y están equipadas  para medir los signos vitales de los pacientes. Incluyen un respirador mecánico, equipos de hemofiltración en caso de problemas renales agudos, tubos nasogástricos, etc.

Para algunos pacientes, tener acceso a una sala de terapia intensiva es la diferencia entre la vida y la muerte. Como el sistema de salud público es tan deficiente, y sólo cubre a un pequeño porcentaje de la población, muchas personas se ven obligadas a recurrir a centros privados; allí, el costo de una cama de terapia intensiva puede sobrepasar los 1.000 bolivianos diarios, según el recuento realizado por este diario. Esa es una cifra que muy pocos en Bolivia puede pagar.

En un país pobre como el nuestro, este tema se arrastra desde hace décadas, pero lo cruel de la historia es que en una década de bonanza en la  que se gastaron cientos de millones de dólares en muchas obras de dudosa utilidad, la salud y la educación siguen esperando para ser atendidas.

 

 

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