Editorial

Negocios con la madera en Bolivia

jueves, 13 de junio de 2019 · 00:15

La Autoridad Boliviana de Tierras ha hecho bien en acusar a por lo menos seis personas involucradas en la venta irregular de autorizaciones de desmonte, que terminaron afectando a 22.000 hectáreas y a seis comunidades menonitas.

El principal acusado es René Noel Sivila, exresponsable de la Unidad Operativa de Bosque y Tierra (UOBT) de San Ignacio de Velasco, quien vendió 2.096 resoluciones para autorizar el desmonte ilegal de las 22.000 hectáreas de tierras fiscales.

El modus operandi de Sivila era vender resoluciones de autorización de desmontes de 20 hectáreas, pero por miles. Cada resolución era entregada a un costo de 300 dólares, por lo que se estima que este negocio generó seis millones de dólares de ingresos para el autor y sus cómplices. Luego, quienes compraban esas resoluciones, talaban el bosque y vendían la madera.

Junto con Sivila están investigados el ex director ejecutivo de la ABT, Rolf Köhler, además de su exasesora, el ex jefe nacional de fiscalización, la ex jefa jurídica y un sexto funcionario. Se desea establecer si es que ellos tenían relación con las acciones de Sivila y de por qué no supervisaron sus acciones. Köhler dejó el cargo en diciembre del año pasado “por razones de salud”.

Este escándalo ya tiene años de ser conocido y por fin ha salido a la luz. El actual director de la ABT, Cliver Rocha, reconoció que se presentaron denuncias contra Sivila, e incluso habían mensajes escritos en los muros de la oficina de San Ignacio, pero que el director ejecutivo anterior y sus asistentes no hicieron nada.

Rocha y Köhler han ocupado el cargo de director ejecutivo de la ABT sucesivamente durante la gestión del MAS. El primero trabajó allí entre 2010 y 2014, cuando fue nombrado Köhler, que estuvo en el puesto hasta 2018, cuando retornó Rocha.

La tala irregular de bosques en Bolivia es un asunto de suma seriedad que la ABT no ha logrado resolver. Según Inesad, una entidad de investigaciones sociales y económicas, la deforestación anual se incrementó  en un promedio de 150 mil hectáreas por año durante la década de los 90, a casi 350 mil hectáreas anuales en los años 2016-2017.

Esas 350 mil hectáreas implican unos 320 metros cuadrados por persona de pérdida de bosque al año que, según la FES, representa unas 20 veces más que el promedio mundial. A este ritmo, considera la entidad alemana, los bosques de Bolivia podrían desaparecer para el año 2100. Es bueno, insistimos, que la ABT alerte sobre estos hechos irregulares, pero lo más importantes es que lo evite, lo que realmente representa cumplir con sus funciones.
 

 

 

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