Editorial

Potencialidades y excesos del Gran Poder

sábado, 15 de junio de 2019 · 00:15

No cabe duda de que la entrada del Gran Poder es, además del acontecimiento folklórico más importante de La Paz, uno de los eventos económicos más relevantes para la urbe. Las cifras que se mueven en el desfile son astronómicas y crecen cada año, mostrando, entre otras cosas, el crecimiento y el poder de la burguesía aymara, que es su principal protagonista.

La movida en torno a la festividad abarca buena parte del año –con prestes, ensayos, conciertos y suntuosas recepciones– y aunque, como muchas actividades en el país, se ubica principalmente en el ámbito de la informalidad, incide en varios sectores económicos.

70 fraternidades, 7.000 músicos y cerca de 40.000 bailarines participan de la entrada, que tiene lugar este sábado; pero, su influencia se extiende a toda la zona Norte de la ciudad, a sectores de El Alto, incluso grupos de bailarines de otros departamentos son parte de la fiesta.

La esperada entrada crece también cada año en sofisticación e importancia y, sin duda, de existir un mercado creativo de turismo, podría ser promovida como un espectáculo interesante incluso para el turista internacional. 

Sin embargo, el principal impacto es local: primero, por la atención que demanda y la participación de gran parte de la ciudadanía paceña, pero también por sus efectos negativos, entre los que sobresale el excesivo consumo de bebidas alcohólicas y el incremento de la inseguridad ciudadana.

Aunque desde hace algunos años se han desarrollado campañas para convocar a un “consumo responsable” de bebidas alcohólicas, los resultados hablan por sí mismos: el día de la entrada y los días posteriores, varios barrios paceños son “tomados” literalmente por bailarines y festejantes en estado de ebriedad.

Junto a ello, o más bien aprovechándose de ello, se incrementa la inseguridad ciudadana y los hechos de violencia –dentro de los que suelen ser especialmente afectados mujeres y niños–.

Como vivimos en una sociedad democrática, no se puede fiscalizar ni impedir el consumo de alcohol en las calles; sin embargo, estos excesos acaban afectando el derecho de otros a desarrollar actividades en un clima de seguridad y protección de derechos, algo que se torna difícil en o durante estas celebraciones.

Sería interesante que los pasantes y miembros de las fraternidades vean al Gran Poder no únicamente como una fiesta religiosa o folklórica, sino como una oportunidad para atraer turismo e inversiones, y eviten que el consumo de alcohol, los excesos y riesgos sean las características que sobresalen  en esta fiesta de la que todos los paceños disfrutamos y nos sentimos parte.

 

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