Editorial

Fútbol: el peor resultado en décadas

sábado, 29 de junio de 2019 · 00:15

Tal vez sea injusto exigirle a la Selección boliviana de fútbol más de lo que el país logra en otros espacios. Lamentablemente Bolivia no se caracteriza por descollar en los deportes –salvo honrosas excepciones– tampoco en las áreas científicas, artísticas o de otro tipo. El folklore nacional sí es destacable, pero en otras competencias internacionales el país, por lo general, no logra conseguir resultados importantes.

Con todo, este es un país futbolero y por eso las derrotas en este terreno causan frustración y molestia. Han sido tan escasas las satisfacciones  que el fútbol profesional -por equipos o por selecciones- ha brindado a los hinchas, que las expectativas son modestas: no se pide ni siquiera ganar un partido, pero al menos empatar uno en los torneos internacionales.

En la Copa América que se desarrolla actualmente en Brasil, Bolivia perdió los tres encuentros que jugó, recibió nueve goles en contra y sólo anotó dos. Será la peor selección del torneo, lamentablemente.

Esto es culpa de todos: Bolivia tiene  instituciones débiles en muchos ámbitos, incluido el fútbol. Las autoridades nacionales, que tanto dicen apoyar al deporte, en realidad colocan en cargos claves a militantes que no tienen un plan para mejorar las cosas verdaderamente. Luego, las dirigencias deportivas han demostrado practicar la misma cultura de la prebenda, la corrupción y el servicio a sí mismos que muchos políticos, con lo que las asociaciones y clubes difícilmente mejoran el nivel de los deportistas. Ello, sumado a grados elevados de desnutrición y otros problemas como el exceso de uso de alcohol entre los jóvenes conforman un escenario en el que obtener éxitos es difícil.

Estadios vacíos, por otro lado, hacen que los clubes tengan escasos recursos para invertir en mejores jugadores. Y los equipos grandes tampoco contratan a jugadores extranjeros de primer nivel, si no por lo general a futbolistas que están cerca del fin de su carrera.

Un recuento realizado por Página Siete demostró que Bolivia, en la Copa América de 2019, ha obtenido uno de los peores resultados en 90 años, al no haber sumado puntos. 

Lo primero que todos exigen es que el director técnico de la Selección sea removido. Esa no es la solución. En los últimos 13 años, Bolivia ha tenido 12 técnicos diferentes y esa inestabilidad es muy perniciosa. En todo caso, los malos resultados no son culpa exclusiva del DT.

Quizás la clave sea alentar a las escuelas infantiles de fútbol para volver a tener semilleros como en el pasado fueron la Enrique Happ y sobre todo la Tahuichi Aguilera. Y organizar torneos infantiles y juveniles permanentes de fútbol y otros deportes. Los denominados “juegos plurinominales”, siendo una buena iniciativa, se realizan sólo una vez al año y el deporte debe ser una práctica constante. Finalmente, debe forzarse a los clubes a ceder a los jugadores con más generosidad a favor de la Selección, en fases previas a torneos internacionales. 

Se requiere un cambio integral, pero también un debate profundo y abierto. La pérdida de competitividad futbolística de Bolivia debiera ser analizada sin pasiones ni regionales ni de intereses económicos, asumiendo que lo que más daño le hace a la estabilidad económica de los clubes es precisamente este bajísimo nivel, que nos ubica en la retaguardia del continente.

La altura, nuestra ventaja competitiva también debería ser objeto de un análisis, pues si bien nos favorece para mejores resultados locales, nos impide mejorar en igualdad de condiciones con  seleccionados y equipos de otros países.

En conclusión, aunque es poco probable que exista la sensatez y el desprendimiento de las dirigencias y autoridades para discutir estos temas renunciando  a los argumentos tradicionales, es imprescindible que se encuentre una solución estructural a nuestro bajo rendimiento deportivo, especialmente futbolístico. No hacerlo significa resignarnos y esto no es posible, no sólo porque somos un país futbolero, sino porque existe talento deportivo y ganas de crecer que no pueden ser ignoradas. 
 

 

 

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