Editorial

Polémica por los precios del teleférico

miércoles, 05 de junio de 2019 · 00:15

Ha surgido nuevamente una polémica sobre los costos del teleférico en Bolivia. En el pasado se hicieron comparaciones con una obra similar de Medellín, Colombia, y resultaba que los precios en esa ciudad eran mucho más bajos que los de Bolivia. En ese entonces se explicó que habían aumentado  los costos de construcción.

Ahora la polémica se basa en la comparación de los precios con una licitación realizada en México. El columnista de este diario, Rafael Archondo, hizo notar que la empresa austríaca Doppelmayr ofreció construir en México   cada kilómetro en 19 millones de dólares, mientras que en Bolivia hizo la obra en 23,5 millones de dólares.

El cálculo, también realizado por el BID es muy simple: 750 millones de dólares en total, dividido entre 32 kilómetros de líneas, da esa cifra. Aún peor, la otra gran empresa de teleféricos del mundo, la italiana Leitner, ofreció a Ciudad de México la cifra de 13 millones de dólares por kilómetro, 10 millones menos que en Bolivia.

César Dockweiler, gerente del teleférico, ha zanjado la discusión quitándole a la cifra pagada por Bolivia el costo de los impuestos a los aranceles. Eso no es correcto. Una obra tiene un costo total, incluido en este caso los impuestos. Se sobreentiende que en México esos impuestos están incluidos en los costos mencionados, aunque Dockweiler asegura tener información de que ello no es así. 

“Si tu agarras y tomas solamente la construcción, el equipo electromecánico y los estudios, y lo divides entre sus metros de edificación, te va a salir un valor mucho más barato del que ellos utilizan para el caso boliviano donde incorporas absolutamente todo”, dijo.

Otro de los argumentos de Mi Teleférico para justificar el alto precio de la inversión en La Paz es la calidad. “Una peta no es lo mismo que un Mercedes Benz, la peta tiene cuatro llantas y motor, transporta personas y el Mercedes también tiene eso y sirve para lo mismo, pero no tienen el mismo valor debido a temas de calidad, de seguridad, y una serie de elementos”, alegó.

Como sea, Bolivia ha erogado una fantasía de dinero, esos 750 millones de dólares, para una obra muy importante como es el teleférico. Sin embargo, nunca sabremos si el país pudo pagar decenas o cientos de millones de dólares menos. No lo sabremos porque no se hicieron licitaciones sino solamente la invitación directa a Doppelmyr después de un viaje de Evo Morales a Austria.

Si se hubieran realizado licitaciones tal vez hubiéramos tenido la agradable sorpresa de que una empresa como Leitner ofreciera un precio de 10 millones de dólares por kilómetro, con lo cual el teleférico hubiera costado 320 millones de dólares en vez de 750 millones.

El Gobierno opta por las invitaciones directas en aras de la eficiencia y la rapidez en construir las obras. Pero ello provoca falta de transparencia y posibles sobreprecios, muchas veces de cientos de millones de dólares.

La preocupación, además, en torno a las líneas del teleférico paceño es la sostenibilidad. Un servicio de tal calidad y tal inversión tiene sin duda un costo de mantenimiento muy alto y el de renovación será igualmente elevado. 

Si bien en muchos países del mundo los servicios públicos masivos como los trenes son en parte objeto de subsidios, deben tener un uso intensivo muy grande para poder ser solventados. La preocupación en La Paz es si estos teleféricos realmente son una alternativa de uso masivo y cuánto retorno generan para ver si serán sostenibles a largo plazo.

En fin, son varias las interrogantes que deben ser respondidas sin molestias ni acusaciones de conspiraciones por las autoridades pues es su deber informar y rendir cuentas y el de los ciudadanos preocuparse y exigir respuestas.

A los paceños nos gusta y nos enorgullecen nuestros teleféricos, pero queremos que sean un servicio que nos dure muchos años en buenas condiciones y que realmente sea una respuesta de uso masivo que justifique tan millonaria inversión.
 

 

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