Editorial

Estremecedor caso de niña prostituida

jueves, 11 de julio de 2019 · 00:15

Página Siete ha hecho un recuento de los más notables casos de abusos a mujeres, además de las decenas de feminicidios ocurridos desde el primero de enero hasta hoy.

Entre decenas de ejemplos, sin embargo, el caso de una niña sobreviviente es especialmente conmovedor. Se trata de una pequeña de 13 años, abusada desde que tenía 11 por un sargento de la Policía, Miguel Ángel Quilla Cachi, quien la embarazó dos veces según la denuncia de sus familiares, y la forzó a abortar en esas dos ocasiones. Además de ello, fue prostituida entre siete camaradas del malhechor.

Sólo imaginarnos el drama de la vida de esta niña es estremecedor. Es una situación terrible, espantosa. ¿Cómo es posible que un oficial de la Policía haya podido prostituir a una niña y que sus camaradas hubieran aceptado aquello? Esto es como para perder la fe en la humanidad. Es difícil caer más bajo.

Dos elementos son centrales en esta perturbadora historia: el hecho de que sean los propios policías los que hubieran cometido los delitos. Esto demuestra lo pervertida que está la institución del orden. Mientras el Ministerio de Gobierno asegura que todo está bien, ni más ni menos, un grupo de uniformados prostituye, viola y embaraza a una menor.

No se queda allí el tema. El policía, de 30 años de edad, quien  violó y vejó a la niña había estado recluido en una cárcel, acusado de narcotráfico, según las autoridades, pero luego recuperó su libertad, como si nada.

Y si el primer asunto a tratar en este tema es el del grado de podredumbre de la Policía (no existen, por ejemplo, exámenes psicológicos para aceptar a los postulantes a sus filas), el otro es el de las consecuencias de la pobreza generalizada que afecta al país. La niña abusada trabajaba con su madre en una pensión. Lamentablemente, en Bolivia el trabajo infantil está autorizado por la ley y aceptado por la tradición. Nadie se sorprende de que menores de edad estén hasta altas horas de la noche, muchas veces en lugares peligrosos, como cantinas y bares, ayudando a sus padres a trabajar.

El delincuente policía la conoció en esa pensión y luego trabó amistad con ella hasta terminar abusándola.

Lo lamentable de esta historia es que la niña proviene de una familia de mujeres también abusadas. Su propia madre, quien tendría discapacidad intelectual, sufrió violencia sexual y tuvo dos embarazos producto de esos hechos y la hermana mayor de la niña, de 14 años, también está criando a un bebé producto de otra violación.

Este es un asunto que retrata con la máxima crudeza los graves problemas sociales del país.

 

 

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