Editorial

Para empeorar todo, violaciones grupales

lunes, 29 de julio de 2019 · 00:15

Este diario ha colocado en el centro de su agenda noticiosa el tema de los derechos de la mujer. Tanto informativa como editorialmente  se ha puesto énfasis en los atroces niveles de  asesinato de mujeres y otros abusos cometidos contra ellas definiéndolos como crímenes de odio.

Uno de los asuntos que se ha intentado destacar es lo que parece una atroz nueva tendencia que vive el país: la de las violaciones grupales. En los últimos ocho meses, 10 de ellas han ocurrido en el país, es decir a un promedio de más de una por mes.

Las víctimas, según un recuento de Página Siete, son todas niñas y adolescentes, de entre 12 y 18 años de edad, violadas en muchas de esas ocasiones por otros menores de edad, pero también por adultos.

No existe explicación razonable para siquiera poder imaginar por qué varones, jóvenes o adultos encontrarían placer al cometer una acción tan bárbara. Si ya violar a una mujer es algo inaceptable, hacerlo de manera colectiva es un crimen atroz.

Pero pese a los 10 casos sucedidos desde diciembre pasado, parece que estos hechos no conmueven ni a autoridades, candidatos presidenciales y a la sociedad en general. En 2016, una violación grupal ocurrida en España, luego denominada “La Manada”, ocasionó una conmoción social y estatal de proporciones, que ayudó a generar un debate sobre la manera cómo los varones suelen ver la sexualidad y construyen sus relaciones con las mujeres.

En Bolivia nada de eso ha ocurrido, por lo menos todavía, mostrando lo lejos que está el país de mejorar en el cumplimiento de los derechos de las mujeres.

Por ejemplo, ya se han registrado más de 70 muertes de mujeres a manos de sus parejas desde enero, con lo que es posible que termine el año con el apabullante número de 130 o más feminicidios. 

Esta situación ha hecho que el Jefe de Estado declarara “de prioridad nacional” la lucha contra el feminicidio. Estableció 10 acciones a tomar, entre las cuales existe una mayoría de simples “saludos a la bandera”, enunciados y retórica que suele caracterizar al gobierno en esta materia.

Una de esas 10 medidas, empero, podría tener importancia, por lo menos a largo plazo: que el sistema educativo, involucrando a padres, maestros y estudiantes, ayude a construir medidas de prevención e incluya en la currícula un nuevo enfoque de cómo debe ser la relación entre un hombre y una mujer.

El tan arraigado machismo que caracteriza al país, lamentablemente reforzado por las acciones de las autoridades, necesita ser removido desde la escuela. Es allí donde los chicos y chicas deben recibir los valores adecuados sobre cómo deben ser las relaciones entre hombres y mujeres, y entre personas en general.

Las respuestas y soluciones, lastimosamente, deben ser a largo plazo, ya que las ideas de quienes gobiernan el país son insuficientes y destinadas solo a salir del paso. Los planes ofrecidos no son más que ideas demagógicas imposibles de cumplir, como hacer “pactos” con diferentes actores sociales para mejorar la situación de la mujer: por ejemplo, para que el sistema judicial, además de fiscales y policías, impidan la protección a los sospechosos de violencia; que las familias promuevan una cultura de valores; que cada funcionario de gobierno conozca las normas.

Los otros seis puntos son que la comunicación desnaturalice la violencia a las mujeres; que las alcaldías y gobernaciones mejoren la atención a víctimas de violencia; que las empresas privadas ayuden a combatir estos hechos; que las organizaciones sociales se constituyan en promotoras y vigilantes de esta lucha; y estudiar la posibilidad de considerar el feminicidio como delito de lesa humanidad. Todas grandes y loables intenciones, que carecen de una hoja de ruta a seguir para convertirse en acciones. 

Hemos llegado a un punto en que además de intenciones necesitamos decisiones y siempre serán los gobernantes los responsables de estas propuestas.

 

 

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