Editorial

Autopsia a los feminicidios

sábado, 06 de julio de 2019 · 00:15

Bolivia está a punto de conquistar un nada envidiable sitial: el de ser uno de los países de la región con más altos índices de feminicidios. Lo que nos venía preocupando hace años, lo que ha ameritado tantas discusiones, lo que ha propiciado una ley... no está pudiendo ser combatido ni siquiera atenuado. Nos encontramos ante la impotencia de denunciar sin que nada cambie, y seguir sumando nombres y epitafios de víctimas indefensas.

Más grave aún: cada vez más, los crímenes contra las mujeres bolivianas no sólo son más frecuentes, sino más crueles. Asesinadas hasta con 25 puñaladas, descuartizadas, decapitadas y carbonizadas.  Solamente en el primer semestre de este año 65 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas de formas despiadadas.

Aunque contamos con una ley destinada a garantizar a las mujeres una vida libre  de violencia desde 2013, cada año aumenta la cifra de víctimas de estos crímenes de odio -como se puede llamar a los feminicidios-, y aumentan los huérfanos.

Página Siete ha elaborado un detallado y dramático reporte. Durante seis meses, en una planilla, un equipo de periodistas ha ido colocando datos y detalles de cada crimen, de cada víctima, de cada victimario y de cada familia. Y así podemos ahora saber que estas muertes no discriminan a las mujeres por edad ni condición social: las víctimas son de todo el país -aunque La Paz lleva la delantera este año con 22 de estos 65 feminicidios- y tienen entre 16 y 85 años.

Los asesinos, por su parte, son cada vez más jóvenes. Según el registro, tres de ellos son menores de edad; seis tienen entre 19 y 29 años y el resto entre 30 y 59. De estos 65 victimarios, la mayoría tenía o había tenido una relación de pareja con su víctima y muchos de ellos las asesinaron para no pagar pensiones familiares. Suman 60 los huérfanos de estas mujeres asesinadas.

A falta de un observatorio sobre la violencia de género, este reporte periodístico retrata un escenario de terror, en el que se registran crímenes cada vez más cruentos y salvajes, y en el que casi nunca se consigue hacer justicia.

Para la periodista y feminista Patricia Flores  todos estos datos configuran un retrato angustiante: “El feminicidio se gesta desde la niñez, en hogares donde la violencia es el aire que se respira, que se desayuna. Es la violencia con la que se educa y con la que se establecen relaciones sociales”, dice.

Es sin duda  una realidad desoladora, ante la cual se nos están acabando las respuestas. Hay una ley y una supuesta voluntad política, pero mientras no transformemos conductas y ejemplos arraigados, seguiremos sumando víctimas de la peor de las intolerancias.
 

 

 

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