Editorial

Un virus letal y una emergencia médica

domingo, 07 de julio de 2019 · 00:10

La situación de zozobra que, una vez más, ha vivido la ciudadanía paceña en los últimos días a causa de la presencia de un virus hasta ese momento desconocido y mortal, nos deja varias importantes lecciones.

La primera tiene que ver con la evidencia de nuestras limitaciones en el sistema de salud pública. Sólo cuando surgió la noticia –luego confirmada– en las redes se encendieron las alarmas en el personal y las autoridades de salud, y fue cuando estas últimas intervinieron y se tomaron en serio los casos de una paciente anteriormente fallecida y dos más en estado crítico.

Pese a que una interna del hospital de Caranavi murió el pasado 5 de junio y antes ya había fallecido el paciente cero, la información sobre el tipo de enfermedad, cómo detectarla y cómo tratarla, sólo fue posible después de que la ministra de Salud, Gabriela Montaño, comunicara el día jueves 4 de julio que se trata del Arenavirus, cuyas características específicas se conocerán en un plazo aún no definido, pues el análisis se está realizando en el exterior.

Este reporte no fue del todo tranquilizador, pues no se pudo aún determinar si el virus estaba controlado o no, especialmente en el origen, que en este caso es la localidad yungueña de Caranavi.

La segunda lección tiene que ver con las medidas de bioseguridad que se toman en los centros médicos y hospitales del país. Según se sabe, la interna se habría contagiado de un paciente al que atendió en su condición de médica del hospital de Caranavi. Según ha relatado su familia, la doctora no fue atendida oportunamente y sólo fue derivada a La Paz cuando estaba en estado crítico. Aún sin determinar el tipo de mal que la aquejaba, fue atendida por personal médico en La Paz sin que se tomen medidas de seguridad para evitar contagios.

Según el Ministerio de Salud, lo más probable es que los dos médicos –quienes luego ingresaron en terapia intensiva– tuvieron contacto con sangre infectada cuando realizaron una endoscopia a la paciente fallecida el 5 de junio. ¿Cómo es esto posible?, ¿no se toman medidas de precaución con pacientes con diagnóstico desconocido?, ¿no están los centros médicos rurales en condiciones de detectar estos tipos de enfermedad?, ¿los hospitales paceños más importantes no cumplen con protocolos de bioseguridad?

Al parecer no es así y aunque es muy delicado denunciarlo porque se pone en riesgo la tranquilidad de muchos pacientes que acuden a estos centros médicos, es importante que las autoridades médicas aseguren que están en condiciones de garantizar el máximo de protección ante una amenaza de esta naturaleza. Recién hace unos días, el Ministerio de Salud coordinó una capacitación del personal de salud sobre la aplicación de medidas de  bioseguridad, cómo acondicionar ambientes para recibir a pacientes y proteger al personal médico que esté expuesto a los virus; algo que claramente tuvo que haberse hecho oportunamente, antes de que se pierdan dos vidas y se ponga en riesgo otras dos.

Los pobladores de Caranavi solicitaron que se declare alerta médica e incluso se habló de una alerta departamental, pero finalmente no se dio esta situación; sin embargo, resta aún conocer más sobre este episodio y el vector del virus que lo originó, que, como se ha sabido en los últimos días, habita en   Beni y Cochabamba y parece haber migrado a La Paz. 

Las causas que adelantan los analistas es la deforestación y los asentamientos que se extienden en zonas selváticas, que es el hábitat de los roedores portadores de la enfermedad. Si cinco municipios paceños están en el mapa de riesgo de expansión del Arenavirus, es de esperar que las autoridades tomen medidas de profilaxis y no tengamos que lamentar momentos de zozobra y temor como los vividos recientemente.

Finalmente, también urge una intervención de las autoridades de salud para garantizar la seguridad de internos y médicos residentes, quienes,  como devela este triste caso, son objeto de malos tratos en el ejercicio de su labor.

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