Editorial

El dramático trato del SIN a los hoteleros

lunes, 08 de julio de 2019 · 00:10

En 2018, el World Economic Outlook del Fondo Monetario Internacional (FMI)  estableció que Bolivia está entre los países que más impuestos cobra a ciudadanos y empresas, y que la presión tributaria está seis puntos y medio por encima del promedio de Latinoamérica (que es de 20,1% respecto del PIB).

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó también en 2018 el informe “Actualización de la presión fiscal equivalente en América Latina y el Caribe”, que refleja que Bolivia es el segundo país con mayor presión impositiva de la región y que ésta alcanza al 34% del PIB, si se consideran los conceptos de seguridad social, otras cargas sociales, IVA e impuestos a las utilidades.

Este año, el Banco Mundial, mediante su reporte “Haciendo Negocios”, estableció que el sistema impositivo boliviano ocupa el lugar 186 del mundo, de 190 países analizados. Es un horror.

El reporte del BM, ya mencionado en estas páginas, establece que en Bolivia se pagan 42 diferentes impuestos al año, mientras en el promedio de América Latina es de 27,1 y los países desarrollados, 11,2. Las “horas persona” destinadas a ese pago es en Bolivia de 1.025 en el año. El promedio en América Latina es de 330 horas, mientras en los países desarrollados es de 159,9 horas al año.

Es la agotadora tramitología boliviana, que como se observa es una de las más pesadas del mundo. Siempre fue tortuosa, pero en la última década ha pasado todos los límites.

Uno de los ejemplos más patéticos, casi tragicómicos, de esta situación son las exigencias que el sistema de impuestos le intentó imponer a los empresarios hoteleros. La norma pudo ser cambiada ante la enérgica protesta de los empresarios. A riesgo de cansar al lector, pero para demostrar la gravedad del asunto, transcribimos la lista completa de lo que incluían los formularios de pago de impuestos del sector hotelero:

Número de NIT del contribuyente; establecer si es casa matriz o sucursal; nombre o razón social; nombre comercial; dirección; tipo de establecimiento; categoría; número de habitaciones; modalidad de registro elegida por todos los huéspedes; número de documento de todos los huéspedes; nacionalidad de todos los huéspedes; días de alojamiento; tipo de habitación utilizada (características); importe cobrado a todos los huéspedes; medio de pago; medio de reserva; número de NIT de la agencia de viajes; clasificación de la agencia de viajes; nombre del motor de reserva (TripAdvisor, Trivago, Booking, etc.); comisión pagada a la agencia de viajes; forma de pago de esa comisión; descripción de la forma de pago; nombre de la entidad financiera; tipo de documento fiscal utilizado; número del documento fiscal utilizado, y código único de facturación diaria. Y otros cuatro requisitos que ya no los detallamos.

¿En qué mente febril pudo caber la exigencia de todos estos requisitos para uno de los pocos sectores en Bolivia que atrae divisas aparte de las actividades extractivas? ¿No se sabe, acaso, que todos los países del mundo tratan de atraer a los turistas y las inversiones hoteleras? ¿Saber el nombre de los huéspedes es un dato relevante para la oficina de Impuestos? ¿O es que existe un plan premeditado, que no conocemos las personas de a pie, para hacer quebrar a los hoteles? Imponer el segundo aguinaldo, las cargas sociales, la virtual imposibilidad de despido, ¿es algo que el gobierno realmente cree que ayudará a la economía? ¿Y qué sentido tiene dejar a los cooperativistas, cocaleros, gremiales y otros a su libre albedrío, sin exigirles nada?

Todo esto podría ser argumento de una película sobre un futuro distópico. Pero lamentablemente es parte de la realidad boliviana. Impuestos Nacionales ha prometido reducir esa maraña de requisitos y hacer un sistema más simple. Veremos.

Todas estas medidas económicas, que provienen de autoridades sin flexibilidad y que solo viven de los precios altos de las materias primas, están aumentando la informalidad y desmotivando las actividades que intentan generar empleo digno, como el sector hotelero. Pudiendo hacer bien, hacen mal.

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