Editorial

Lo único que faltaba: ¡la toma de un hospital!

lunes, 12 de agosto de 2019 · 00:15

El Gobierno ha utilizado todas sus malas artes para enfrentar el problema creado por los cocaleros de Yungas. Ya había usado el mismo método en años anteriores, como cuando dividió a las entidades que empezaron a criticarlo, como Cidob, Conamaq, APG y Fejuve de El Alto, para luego descabezar a las directivas legítimas y poner en su lugar a delegados masistas.

Desde hace meses la lucha gubernamental es contra Adepcoca, los productores de coca de los Yungas. Éstos se alejaron del oficialismo una vez que fue aprobada la Ley de la Coca, que legaliza la coca del Chapare.

Con lo que no contaban es con el grado de violencia que iba a tener la respuesta del Gobierno, que ya ha detenido a tres de los dirigentes de ese sector y ha intentado arrebatarles la sede que la entidad tiene en La Paz e imponer que otro mercado, no el oficial, sea usado para la venta de coca.

Cuando las cosas alcanzaron un nivel desconocido incluso para la siempre caótica situación social boliviana fue en el momento en el que la fracción de cocaleros apoyada por el MAS tomó el hospital que administra Adepcoca para convertirlo en un mercado.

Los cocaleros afines al MAS llevaron su producto a los dormitorios, quirófanos y salas de recuperación del hospital, en una alocada muestra de abuso e intolerancia. 

Este caso puede convertirse en una excepción incluso a nivel mundial, ya que en general los hospitales, las iglesias y las escuelas se consideran espacios respetados por los bandos en pugna.

“Es nuestro hospital, vamos a estar aquí momentáneamente. Va a funcionar como hospital, en el futuro tenemos que incrementar nuestro seguro para el socio productor (…). Este es nuestro segundo predio, también de lo que es Adepcoca departamental, nuestro mercado legal y legítimo de Adepcoca está en Villa Fátima”, manifestó Elena Flores, la recientemente posesionada dirigente de la Adepcoca paralela y afín al Gobierno. Flores alegó que el establecimiento médico aún no está funcionando y esperan que en poco tiempo preste servicios. “Se encuentra en situación de elefante blanco”, dijo.

Afortunadamente, luego del escándalo y sin que las autoridades tomaran acciones para sancionar los excesos, los cocaleros se reunieron con el gobernador Félix Patzi, quien propuso que el hospital pasara a manos de la Gobernación para así equiparlo. Con ello se busca que la infraestructura  funcione como hospital y no como un mercado de venta de  coca ilegal.  

En todo caso, el conflicto con los cocaleros de Yungas se encuentra en un cuarto intermedio, mientras el Gobierno puede ya cantar victoria, pues la división está consumada.
 

 

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