Editorial

Campaña con el dolor

jueves, 15 de agosto de 2019 · 00:15

En plena campaña y en su afán de mostrar un rostro más humano y conectado con la gente, el presidente Evo Morales adoptó a un perro, sirvió un almuerzo para los periodistas, jugó fútbol con el niño Deimar Mariaca, disputó una partida de ajedrez con la niña Nicole Mollo, visitó a la alcaldesa de El Alto, Soledad Chapetón, y anunció que encabezaría una marcha contra la violencia hacia las mujeres.

Antes de seguir adelante con el tema de la violencia hacia las mujeres, hay que aclarar que Morales se está reuniendo con todos los alcaldes capitalinos para diseñar un plan de mediano y largo plazo, cuando faltan apenas unos meses para que los alcaldes dejen sus cargos porque ya se vienen las elecciones municipales y, en el caso concreto de El Alto, luego de que sus sectores sociales pusieron contra la pared a la Alcaldesa, al punto de quemarle sus oficinas provocando la muerte de seis personas.

Volviendo al asunto que nos ocupa, decimos que Evo Morales anunció que encabezaría la marcha de mujeres, porque realmente no lo hizo. Apareció en las cercanías de la plaza Murillo, donde también se sumó la presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas, María Fernanda Espinosa, que llegó para la ocasión.

Desde ya resulta una paradoja que el Presidente, que tiene en sus manos las soluciones, sea quien marche para pedir soluciones. En tal caso, tendría que ser una marcha de Evo contra Evo.

Durante la protesta, Espinosa destacó, como no podía ser de otra manera, el avance logrado en Bolivia en materia de equidad, la declaratoria de prioridad en torno a los feminicidios y el hecho de que Morales haya encabezado una marcha para protestar. 

Todo eso, sin tomar en cuenta que el plan lanzado y su ejecución constituyen un acto de campaña tras otro, sin ninguna acción concreta que prevenga, reduzca o sancione con dureza los feminicidios. ¿De qué sirve una declaratoria de prioridad si no está acompañada de recursos para atender a las mujeres en riesgo o para dotar de gratuidad y celeridad a las investigaciones?

Los actos son simbólicos y vacíos de contenido, a tal punto que hasta ahora se han reducido a propaganda mediática, pintado de enormes carteles y a la firma de “pactos” con diferentes actores de la sociedad civil, quienes se comprometen a hacer tal o cual cosa que ya está establecida en la Ley 348. 

Entre esos pactos, existe uno con algunos medios de comunicación, pero, menudo detalle, fueron excluidos los medios críticos de este accionar que, coincidentemente, son los que más duro trabajan en la temática de la violencia hacia la mujer. Por ejemplo, Página Siete es el único medio que estableció un observatorio de los feminicidios, ya publicó los primeros resultados y, ni aún así, fue tomado en cuenta.

Pese a todo eso, Espinosa llegó a Bolivia a instancias de la Cancillería para destacar el rol de Morales en la lucha contra la violencia.

Espinosa seguramente no sabe o si sabe no lo dice, que Evo Morales es tan machista que tardó años en reconocer a sus hijos y que ofende a las mujeres en sus discursos. Eso, al margen de las leyes aprobadas contra la violencia, contra el acoso político y por la paridad, que están ahí, pero que no resuelven el problema de fondo.

Hasta la fecha más de 80 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o por hombres que simplemente quisieron usar sus cuerpos y luego deshacerse de las evidencias.

En ese contexto se desarrolló la tan mentada marcha contra la violencia, marcha que, igual que la propaganda sobre el tema, igual que los carteles, igual que los pactos, no resuelve el problema.

La marcha pasó, Evo se lució como un gran humanista y defensor de los derechos de las mujeres y Fernanda Espinosa volvió a sus oficinas en EEUU, sabiendo o tal vez sin saber, que fue una ficha más en la campaña electoral por la Presidencia, como lo fueron Luis Almagro, José Luis Rodríguez Zapatero, José Mujica y los que más adelante vendrán pagados con los recursos del Estado.

 

 

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