Editorial

El liderazgo ético de un deportista

sábado, 17 de agosto de 2019 · 00:15

En un mundo cada día más insensible y en un país cada vez más sometido por la violencia, la manipulación y la indiferencia, surgió en los últimos días una movilización espontánea que, por sus características, hace renacer la esperanza en algo que creíamos había pasado a un tercer o cuarto plano en nuestra escala de prioridades: la ética. 

Todo el país, y especialmente los hinchas atigrados, se sintieron agredidos y hasta avergonzados, por la forma en la que se despidió a un referente del club, a un exjugador y entrenador de fútbol que supo ganarse el afecto y el respeto de los hinchas. 

Pablo Escobar, el denominado “eterno capitán” del club The Strongest, se comportó, correctamente dentro y fuera de la cancha y entregó su máximo rendimiento y esfuerzo. 

Para muchos y quizá especialmente para la desgastada clase política, la ética es algo que sirve poco a la hora de buscar votos y gobernar. No se gana el afecto de la gente con la verdad ni con una moral intachable, dirán los marketeros. Sin embargo, lo sucedido el pasado sábado en la casa de Escobar, a donde varias centenas de hinchas atigrados, entre ellos los integrantes de la llamada Ultra Sur, llegaron con regalos por iniciativa propia, dice lo contrario. 

Esa gente se movilizó para abrazarlo, para decirle “gracias”. Y es que  Escobar fue y es un líder que marcó el rumbo de su equipo en los últimos años y uno de los artífices de su tricampeonato. Y la gente lo reconoce no sólo por estos y otros logros, sino por su trayectoria limpia y transparente. 

Esta historia, la del fin de una etapa en la vida del exfutbolista y ahora exentrenador del club The Strongest, nos deja varias enseñanzas. La primera es que los verdaderos liderazgos se forjan a lo largo de la vida y tienen a la ética como uno de sus pilares más sólidos. Escobar no sólo comandó, con convencimiento e inteligencia a los jugadores del club atigrado durante varios años, a quienes arengaba con la frase “prohibido desistir”, sino también dio muestras de solidaridad y desprendimiento cuando alguien lo necesitaba. Estuvo ahí y propuso iniciativas en beneficio del club, del equipo,  y del compañero. La segunda es que la gente sabe reconocer las cualidades de las personas. La ciudadanía reconoce la calidad humana, sabe lo que sucede “detrás de bambalinas”, se da cuenta de las falsedades, protesta por las injusticias y reconoce las virtudes. 

Y la tercera es, sin duda, la más importante. La ética paga, y paga bien. El ejemplo claro de ello es lo que Pablo ha transmitido a la comunidad  en general.  El reconocimiento de la gente vale mucho, es incuantificable, pero tiene más valor que el dinero y el poder.

 

 

Confidencial

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