Editorial

Incendios y políticas extractivistas

domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:15

Bolivia vive una severa crisis debido a los incendios que ya han quemado, en las últimas tres semanas, casi un millón de hectáreas de bosque amazónico y pastizales. La situación también se vive en países vecinos, especialmente Brasil, con millones de hectáreas comprometidas. En todo el año se han quemado partes extensas e invaluables del bosque amazónico.

Las altas temperaturas, la ausencia de lluvias y los vientos hacen que los incendios hayan sido muy difíciles de enfrentar. Los focos de calor son actualmente unos 5.000, muchos de ellos ubicados en el departamento de Santa Cruz, especialmente en la Chiquitania. Entre otros, está amenazado el parque Tucabaca, de gran importancia biológica para el mundo.

En las cercanías de Roboré, la localidad más amenazada, Página Siete acompañó a un grupo de efectivos policiales y funcionarios y voluntarios de la Gobernación y de la Alcaldía cruceñas que trabajan sin descanso para “enfriar el territorio”. Pero lo hacen con bidones, baldes, picos y palas. De lo que se trata es que las cenizas no vuelvan a encenderse si cambian los vientos.

El presidente Evo Morales, mientras tanto, anunció el alquiler del Supertanker, un avión de gran tamaño adaptado para cargar 72.000 litros de agua y rociarlos sobre las llamas. Alquilarlo cuesta entre 600 mil y un millón de dólares diarios.

Los incendios se producen debido a las quemas de los rastrojos de la cosecha anterior, que es el método usado en el país para habilitar tierras para la ganadería y la agricultura. Es un sistema efectivo y rápido, pero a la vez peligroso, ya que genera, en primer lugar, contaminación. Y en segundo, provoca el riesgo de que el fuego alcance al bosque circundante, como ha ocurrido muchas veces en el pasado y este año con especial dramatismo.

El tipo de desarrollo extractivista, que impera en Bolivia y   Brasil, donde existen actualmente unos 70.000 focos de calor, y otros países, empeora las cosas. En lugar de procurar limitar la frontera agrícola, las autoridades aceptan aumentarla y la manera más expedita de hacerlo es quemando el bosque.

El presidente Evo Morales, aliado de los empresarios agroindustriales de Santa Cruz, decidió flexibilizar las normas bolivianas al respecto y el mes pasado promulgó el DS 3973, que permite aumentar las denominadas “quemas controladas” en terrenos incluso comunitarios, para lograr su habilitación para actividades ganaderas y agrícolas en Beni y Santa Cruz. Curiosamente, un presidente “neoliberal y de derecha”, como Hugo Banzer,  aprobó el DS 26075 en 2001, que buscaba reducir la deforestación en la región amazónica boliviana. El Gobierno “progresista” y “defensor de la Pachamama” hace lo contrario.

Ante la emergencia provocada por los incendios, el Presidente defendió los chaqueos. “Quiero que sepan: las pequeñas familias, si no chaquean, ¿de qué van a vivir?, ese es el pequeño productor”, dijo. 

Pero, a diferencia de lo que cree el Presidente, sí existen alternativas. De hecho, la agricultura está presente en todo el mundo, pero en pocos lugares se da la tradición de la quema de los rastrojos. Una de las alternativas ofrecidas por los especialistas es realizar el denominado “compostaje”, es decir dejar que los residuos agrícolas se descompongan de manera “normal”. El proceso es más lento que simplemente quemar las parcelas, pero logra habilitar los terrenos de una manera que podríamos considerar “natural”. Debido a que el agricultor no puede plantar nuevamente durante un año en el mismo lugar, se ve forzado a hacer rotación de tierras, lo que hace que los terrenos “descansen”. El proceso de compostaje puede acelerarse si se vierten a la tierra abonos naturales, como estiércol u otros.

El Gobierno debe, en coordinación con los agroindustriales y los agricultores pequeños, considerar esa u otras opciones a la simple quema de terrenos y la ampliación de la frontera agrícola. De lo contrario, el equilibrio ecológico del país estará en riesgo: el reporte Global Forest Watch establece que Bolivia es el país en el que se genera más deforestación per cápita del mundo. 

Es el quinto país del planeta con más pérdida de bosques, sólo precedido de Brasil, República Democrática del Congo, Indonesia y Colombia.
 

Confidencial

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