Editorial

La estrategia negacionista

jueves, 29 de agosto de 2019 · 00:15

A estas alturas, hay consenso en el mundo sobre la importancia de frenar la contaminación y la deforestación para detener el efecto invernadero, causante del cambio climático. 

Se sabe que el cambio climático no es la causa sino el efecto; es decir, el resultado (efecto) de la (causa) acción del hombre sobre la naturaleza. Esta acción se expresa en centenares si no millares de formas a lo largo de la historia, pero en los últimos años, cuando el calentamiento global está provocando los desastres naturales que  vemos, se ha llegado científicamente a la conclusión de que hay que detener especialmente el consumo excesivo de combustibles fósiles y la deforestación. Como consecuencia, es preciso preservar los bosques, que mantienen el equilibrio de lluvias y  vientos, y transportan agua dulce, lo que evita las sequías y por ende los incendios. 

Esta incompleta explicación, tantas veces repetida, no corresponde a los ambientalistas, es un razonamiento en pos de la supervivencia de la humanidad. Tanto así que ha sido adoptada como base de acuerdos globales de los que es parte, por supuesto, Bolivia.

Sin embargo, resulta importante enunciar estos principios  básicos una y otra vez para devolver lo esencial al centro del debate, y no perdernos en el mar de desinformación, mala información e información falsa (que parecen lo mismo pero no lo son) tan presentes en los discursos y noticias de estos días. Es importante también para interpretar los hechos correctamente.

Cuando como país debiéramos estar uniendo y extremando esfuerzos para combatir el fuego e implementar un plan estructural de detención de la deforestación que en los últimos años (aunque 2019 sea extraordinariamente alto) ha devastado buena e irrecuperable parte de nuestro bosque, nos encontramos con el cálculo político como primera respuesta y luego con una tibieza que linda con el cinismo y la irresponsabilidad.

 Y cuando hablamos de responsables no es únicamente del Gobierno, que dicho sea de paso ha tenido una triste actuación en este tema, sino de todos los actores que han participado en una cadena de decisiones y acciones que nos han llevado a este desenlace. 

 Nos referimos, obviamente a los agropecuarios y agroindustriales que, con el pretexto de impulsar el desarrollo del país, no han pensado en su futuro, ni siquiera en el futuro de sus hijos y nietos, que quizás heredarán sus ganancias pero que no tendrán un territorio donde disfrutarlas.

Eso, el inmediatismo, la urgencia (de votos o de billetes), en los políticos y en los sectores agropecuarios e industriales, los ha llevado a ese negacionismo que estamos presenciando: el negacionismo de los efectos de sus acciones que son estos incendios, y el negacionismo de las soluciones para evitar mayores desastres.

Como cuando se escucha decir a los ganaderos: “Las normas cuestionadas (que permiten desmontes para ampliar la frontera agrícola) están bien pensadas (...) no deben derogarse (...) no matemos a la gallina de los huevos de oro”, es porque están viendo su sueño de expansión de su negocio más cerca que nunca antes en la historia, aunque  ello represente el fin del único patrimonio   de todos, que es el bosque...

O cuando el Presidente, el mismo día que llama a unirnos en la adversidad para enfrentar el desastre, festeja el primer envío de carne a China que supondrá, por supuesto, una voraz deforestación para poder ampliar el espacio para el ganado.

O cuando se alientan los asentamientos y las colonizaciones de territorios que son áreas forestales y que también producen deforestación masiva, sólo como prebenda para conseguir apoyos electorales.

¿Qué se puede añadir? Es momento de poner las cosas en claro, de asumir responsabilidades y elegir prioridades. Los empresarios deben confesarle al país sus intenciones o buscar otros modelos de generar riqueza (que los hay) y el Gobierno elegir si desea realmente ser fiel a sus originales principios de defender la Madre Tierra o pelear por su permanencia en el poder a cualquier precio.

 

 

Confidencial

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