La guerra cocalera

domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:14

Descontrol podría ser el término que resuma lo que está sucediendo en el conflicto que enfrenta a productores de coca de los Yungas. La Asociación Departamental de Productores de Coca (Adepcoca) ahora tiene dos fracciones. Una tradicional que reúne a diferentes federaciones de productores de coca yungueños, que pugna por sobrevivir; y otra, con el mismo nombre, pero alineada al partido oficialista, el MAS, que quiere sobreponerse y extinguir a la anterior. La división ha sido consumada y la guerra instalada.

La confrontación ya tiene larga data, y comenzó con la molestia de los productores de Yungas -la región tradicional- con el Gobierno por el incremento de las hectáreas destinadas al cultivo de coca en el Chapare -que no es una zona tradicional y de la que se cree que el 90% de su producción se destina al narcotráfico- en detrimento de la región yungueña.

De ahí en más, la que fuera una dirigencia leal al MAS y a Evo Morales, Adepcoca, empezó a mostrarse rebelde y distante con el Gobierno, provocando varios roces y enfrentamientos,  sin mencionar el encarcelamiento de sus principales dirigentes.  Lo más reciente ha sido la creación de mercados paralelos de la hoja,  una medida claramente destinada a dividir a los yungueños.

Según la Ley de la Coca sólo hay dos mercados legales para la comercialización de esta hoja en Bolivia: 1) Villa Fátima en La Paz y 2) Sacaba en Cochabamba. Sin embargo, vulnerando su propia ley, el Gobierno permitió la creación de cuatro mercados fuera de la norma. 

El ministro del Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico, empezó negando la decisión del Gobierno de avalar la expansión de los mercados de coca. Luego, después de admitirlo, optó por encontrar excusas y razones, y anunciar que se está a la espera de una ley corta que presentarán los cocaleros afines al MAS para que los mercados paralelos se legalicen. ¡Insólito!

Y, como suele suceder cuando reina el descontrol, aupados por el aval gubernamental, los cocaleros masistas se hicieron de la ya dividida y desbandada Adepcoca: el miércoles pasado, en medio de pugnas, se eligió al directorio paralelo de esta entidad, con lo que se dio la estocada final a la asociación reconocida por ley.

Como último episodio de esta guerra de poder, la dirigencia cocalera masista recientemente posesionada tomó el centro de salud de Adepcoca y lo convirtió en un (uno más) mercado ilegal, y se apresta a hacer lo mismo con la planta de producción de Bi-mate y la sede de la tradicional institución yungueña.

Es decir que ahora el MAS tiene el control de las seis federaciones de cocaleros del Chapare, cuyo máximo líder -y vitalicio, además- es el presidente Evo Morales, y ahora, con la creación de la nueva directiva de los Yungas, no sólo deja en jaque a la dirigencia legalmente instituida, sino que recupera el control de esta región.

“Los dirigentes tienen que construir puentes de diálogo con el Gobierno. El buen dirigente nunca se pelea con el Gobierno”, sostuvo el cocalero Arnold Alanes, del comité electoral que, a pesar de las rencillas, validó a la dirigencia de la entidad paralela.

Lo que todos sabemos y hemos visto en varias oportunidades en estos años, es que quien osa protestar o enfrentarse a las decisiones del Gobierno no sólo es proscrito y puede ser encarcelado, sino que expone a su organización a un vapuleo que, indistintamente, termina en su división o extinción. Ha pasado con las organizaciones indígenas, de cooperativistas y otras y, con mayor razón tenía que suceder con las de cocaleros, uno de los grupos más cercanos al MAS y a Morales.

La sorpresa no es, por tanto, el modus operandi, ni siquiera el éxito logrado, sino cuán lejos puede ser capaz de llegar el Gobierno para someter a un sector, incluso vulnerando una ley que él mismo impulsó y defendió. Esa incoherencia no puede ser pasada por alto y representa una peligrosa señal para cualquier otro sector u organización que, por supuesto, hará del corporativismo y el prebendalismo su bandera siempre que sea funcional a los intereses del MAS.  

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