La inutilidad de los “supraestatales ”

lunes, 05 de agosto de 2019 · 00:14

Ha surgido un debate sobre la elección directa de los futuros integrantes de cuerpos legislativos internacionales dentro de los que Bolivia tiene representación. Son los denominados “legisladores supraestatales”, que se eligen en listas que dependen de la votación de los candidatos a la presidencia.

Cada uno de esos legisladores gana un promedio de 1,3 millones de bolivianos en sus cinco años de gestión, pese a que su trabajo es prácticamente nulo. El presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, admitió que solo sesionan una vez al mes. Por lo tanto, su sueldo mensual, que es de más de 22.000 bolivianos, los convierte quizás en las personas mejor pagadas del país: 22.000 bolivianos por una hora de trabajo. Las dos únicas instancias a las que estos congresistas deben asistir son los parlamentos Andino y de Unasur. Este último en los hechos ya no existe. Evo Morales mandó a construir una sede para ellos en un municipio de Cochabamba a un costo de 71 millones de dólares, pero la entidad feneció de facto el año pasado cuando la mayoría de sus países la abandonó.

Unasur fue creada e impulsada por Lula da Silva y Hugo Chávez, en el marco de la ola de gobiernos populistas de izquierda que llegaron al poder durante la década pasada. Ahora que la tendencia política regional ha cambiado, y Unasur ha muerto, su Parlamento ya no existe.

La otra entidad que persiste es el Parlamento Andino. En el pasado, cuando las cosas se manejaban con un poco más de racionalidad, los delegados de Bolivia a esa instancia surgían del Legislativo boliviano, que designaba de entre sus miembros a quienes asistirían a las sesiones regionales.

Total, el Parlamento Andino nunca tuvo ninguna influencia y sus decisiones eran meramente líricas, declarativas. Por ejemplo, homenajear los aniversarios de nacimiento o muerte de los héroes de la independencia de Sudamérica y cosas así.

Sus orígenes se remontan a 1966 con el Acuerdo de Bogotá, pero el Parlamento Andino fue formalmente creado en 1979 en La Paz. Su primer asiento fue Lima y luego se trasladó a Bogotá, aunque ese país ha anunciado que ya no financiará sus actividades y cerrará la sede. Así que el Parlamento Andino empezará a buscar otro lugar donde sesionar, pero ya es claro que esa organización está agonizando. 

Los parlamentarios bolivianos elegidos para estos cargos, que son 18, ganan en total, en cinco años, unos 17 millones de bolivianos (un salario de 22.000 para los titulares y 6.000 para los suplentes), más gastos de viáticos. Todavía hay tiempo de que el Legislativo apruebe una breve ley que anule estos cargos.

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