Editorial

Ser un empresario millennial y hacer patria

martes, 06 de agosto de 2019 · 00:15

Bolivia está de aniversario y qué mejor ocasión  para indagar  lo que están haciendo los jóvenes. Página Siete hizo ese ejercicio y encontró que muchos de ellos, los denominados millennials, se convirtieron en  empresarios y, desde sus emprendimientos, están haciendo patria.

Y no son emprendimientos de cualquier tipo. Tienen que ver con la tecnología, el medioambiente y, básicamente, con encontrar soluciones para los problemas de la gente de este siglo. No es que de la noche a la mañana lograron el éxito. Fracasaron algunas veces, pero se volvieron a levantar. Apostaron a su proyecto con pasión porque creen que esa es la clave del éxito.

Entre los emprendedores encontramos a Roly Mamani, quien ya fabricó 100 prótesis robóticas para las personas con discapacidad; a Mónica Orellana, quien creó una iniciativa para canalizar el fracaso; Yaku Vida, un proyecto para reutilizar el agua de los hoteles; La Huerta, una cadena de micromercados con productos saludables; Ultracasas, la solución cuando alguien quiere comprar o vender inmuebles; una empresa de delivery que lleva todo lo que le piden en Trinidad; una fabricante de zapatos de lujo, entre otros.

Estos jóvenes son profesionales, pero no andan buscando trabajo como la mayoría. Decidieron apostar a sus propios proyectos.

La recopilación que hizo este medio sobre sus historias es inspiradora porque ¿quién no lleva un emprendedor por dentro? El asunto es cómo convertir los sueños en realidad y estos jóvenes, con seguridad, darán muchas pautas de cómo lograrlo.

El sino de Bolivia es el extractivismo. Vivimos de los minerales, luego del gas y hay quienes apuestan al litio como la esperanza de la patria. Pero, a estas alturas, cuando el planeta está a punto de colapsar por la contaminación, es importante impulsar otro tipo de economía.

El año pasado, también en 6 de agosto, Página Siete buscó la vocación productiva de los nueve departamentos, más allá de las materias primas. Y encontró, igual que este año, una serie de historias maravillosas de gente que apuesta a la producción local, a la generación de empleo y el desarrollo sostenible.

Está claro que el futuro de Bolivia ya no está en la exportación de commodities y que es hora de que las agendas políticas se crucen con las agendas de la gente. La oferta de obras faraónicas, de planes de exploración, de megafábricas, tienen que dar paso a esta nueva visión de desarrollo, a la que están apostando los jóvenes.

De lejos, emprender es un mejor homenaje a la patria que desfilar. Esta forma de rendir tributo el 6 de agosto tendría que ser repensada y apostar más por la educación para la producción.
 

 

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