Editorial

Los costos del fuego

miércoles, 11 de septiembre de 2019 · 00:15

¿Tendrán los incendios en la Chiquitania un costo político? Es probable, pero, lo que es innegable es el impacto que está causando el desastre en el ánimo de las personas, especialmente de Santa Cruz. Se podría decir que ha sido sumar una desgracia a otra el que los incendios forestales de este año, los peores en mucho tiempo, se hayan suscitado en plena campaña electoral. Y es que, a cada acción y decisión adoptada, no sólo por las autoridades sino por otros actores, se ha añadido el ingrediente y el cálculo político.

No se puede entender de otro modo que, por ejemplo, el Gobierno haya manejado tan mal la crisis, optando primero por relativizarla y luego por pretender convencer a los bolivianos de que todo estaba controlado y prácticamente no se había sufrido daños mayores o irreparables. A ello hay que agregar el rechazo terco a la sugerencia de declarar desastre nacional. El hacerlo no sólo hubiese sido una muestra de empatía muy importante en estos momentos clave, sino que hubiese facilitado la llegada de cooperación no sólo de emergencia, sino la estructuración de planes a mediano y quizás a largo plazo para la región afectada. Las palabras del vicepresidente García Linera, quien considera como una derrota el pedido de ayuda, muestran de cuerpo entero lo que se ha privilegiado en estos momentos: la figura y beneficio político de los candidatos.  El MAS tenía una victoria electoral prácticamente asegurada y puede sufrir un revés en sus aspiraciones de permanencia en el poder.

La oposición ha optado por amplificar la mala gestión gubernamental de los incendios en grado superlativo, pero a pesar de que esto ha sido evidente, no ha representado precisamente una victoria para los candidatos opositores. Un ejemplo es Bolivia Dice No, especialmente en la figura del gobernador Rubén Costas, duramente criticado en Santa Cruz por no haber evitado las quemas y la deforestación.

Podría decir que quien puede cosechar en mar revuelto es Comunidad Ciudadana (CC), es decir la candidatura de Carlos Mesa, pero esto no es tan evidente. Primero, porque no ha habido una iniciativa concreta de parte de CC en torno a frenar la deforestación, y segundo porque el fenómeno ha sido tan impactante que el ánimo ciudadano  frente a todos los candidatos es de poco entusiasmo.

Aun así, las elecciones se producirán en poco más de un mes, y sólo entonces podremos medir  el impacto de este desastre ecológico cuyas consecuencias aún no podemos dimensionar. El hecho de que ninguna de las principales fuerzas políticas se anime a presionar al poderoso sector agroindustrial y ganadero es representativo de las pocas esperanzas que tiene el país de apostar por otros modelos de desarrollo que no estén basados en el extractivismo tradicional.
 

 

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