Editorial

La importancia del debate eleccionario

jueves, 19 de septiembre de 2019 · 00:15

Desde que Evo Morales decidió que nadie estaba a su altura para debatir, Bolivia resignó la posibilidad de escuchar a sus candidatos, a quienes quieren gobernar el país y contrastar sus puntos de vista, sus reacciones y respuestas a sus demandas. Mientras en casi todo el mundo moderno el debate electoral es pieza clave de las campañas y muchas veces factor decisivo para las tendencias, en Bolivia se tuvo que archivar este recurso y consecuentemente se empobrecieron los discursos proselitistas.

Quizás por ello, el debate que organizó la Red Uno de televisión y en el que participaron los candidatos a la vicepresidencia de los tres frentes que encabezan la preferencia electoral -Shirley Franco de Bolivia Dice No, Álvaro García Linera del MAS  y Gustavo Pedraza de Comunidad Ciudadana-, resulta un espacio de interés y provecho ciudadano.

No es que haya tenido un nivel dialéctico demasiado elevado, o que haya revelado aspectos desconocidos, ni siquiera -salvo el mayor carisma y agilidad mental de Franco,  la candidata de BDN-   se registraron confrontaciones o pugilatos verbales que alimenten el escándalo o el morbo. Nada. 

Sin embargo, el hecho de ver reunidos a quienes pugnan por comandar el país y verlos sometidos a responder las sencillas preguntas que tiene  el ciudadano y que generalmente están ausentes de las discusiones de los candidatos, es saludable y alentador.

En la actual campaña política, que como vemos es bastante disputada, son pocos los elementos con los que cuenta el elector para tomar una decisión a la hora de votar. Todos los frentes presentan sus programas, pero, como se constató, estos son más una formalidad que pocos leen. En esta campaña, algunos frentes incluso han plagiado contenidos de partidos políticos de otros países, y otros no se han esforzado en que lo propuesto coincida con lo posible. 

Otro elemento de decisión son las encuestas y ya vemos que sobre ellas hay mucha polémica. Aunque al parecer las empresas que las hacen son serias, algunas arrojan resultados muy disímiles entre sí y generan incertidumbres en la población que las ve como una referencia (aunque la volatilidad de los resultados también tiene que ver con que cada encuesta es una instantánea del momento puntual).

De modo que el debate, una vez más, es un espacio versátil, directo y enriquecedor, que puede dar otro rumbo a una campaña que vemos basada en los ataques mutuos casi con exclusividad. Este rasgo, con la guerra sucia, son propios de las campañas electorales, pero no debieran ser los únicos. Un voto informado, debatido, siempre es mejor que uno por presión o por consigna.
 

 

Confidencial

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