Editorial

Cáncer: ¿esperanza o incertidumbre?

lunes, 23 de septiembre de 2019 · 00:15

La crisis de la salud en Bolivia ha dado lugar a que se destapen escándalos como la situación de los enfermos con cáncer, para quienes el diagnóstico es casi una sentencia de muerte. Bolivia ha quedado rezagada en muchos aspectos en cuanto a la salud pública y a la medicina. Lo primero debido al enorme crecimiento de la población y la insuficiente inversión y atención de la salud -desde ítems médicos hasta equipamiento e infraestructura-. Lo segundo, porque la medicina es un área de constante modernización y sofisticación, y para estar a la altura hay que contar con especialistas y modernos equipos de tratamiento y diagnóstico. Nada de esto hay en el país.

Este es uno de los grandes debates sociales de estos tiempos, y aunque el Gobierno actual dice ser el que más recursos ha invertido en salud, es el que más  ha puesto en evidencia nuestra precariedad. Analizar con detalles y repartir culpas puede ser interminable, pero lo cierto es que con la trágica situación de los enfermos de cáncer se ha descubierto que a lo descrito se suma la negligencia y la corrupción en el sector salud.

De ahí que la noticia de la promulgación de una norma que garantiza “el acceso universal e integral de las personas con este mal, mediante la prestación de servicios de vigilancia epidemiológica, promoción, prevención, detección temprana, atención, tratamiento y cuidados paliativos”, fue motivo de celebración, al margen del análisis de lo que realmente representa esta norma, sus alcances y cuánto puede incidir en mejorar la situación de los pacientes con esta enfermedad.

Es sabido que los bolivianos tenemos especial afición por aprobar leyes que a veces no se cumplen; es como si con la formulación de la norma hiciéramos una catarsis que libera, aunque no veamos las soluciones en lo concreto.

En cualquier caso, a la Ley del Cáncer le debemos aún el beneficio de la duda, pero esto no nos impide señalar sus limitaciones, e incluso imprecisiones peligrosas.

Para empezar, la norma no garantiza la atención gratuita a todos los enfermos de cáncer, sino a los que padecen algunos tipos del mal (los más recurrentes), lo que representa un riesgo de discriminación, pues todos los pacientes que no entren en este grupo siguen en total desprotección. Luego, no aclara las competencias de los diferentes seguros públicos: ¿entra esto en el SUS o es otra categoría? Y, finalmente, ¿por qué no contempla el acceso a tratamientos paliativos como la radioterapia? Recordemos que hace poco más de un año, justamente a raíz de las denuncias de este medio, fue intervenida y cerrada la unidad de radioterapia del Hospital de Clínicas. Se dijo que se conformaría otra, menos obsoleta y bien administrada, pero esto no ha sucedido.

A todo esto se debe añadir que seguimos carentes de especialistas, equipos (y prácticas) de diagnóstico temprano y centros especializados en su tratamiento, tanto para adultos como para niños. Es más, hay muchas capitales de departamento donde no existe un solo especialista ni ninguna capacidad de tratar a los enfermos con este mal.

¿Cómo entonces podemos sentirnos seguros de que la situación está encaminada a cambiar? Nadie puede dudar de la buena intención de esta norma, pero no será solo a través de una ley que tiene mucho de enunciados y ofrecimientos, pero poco de acciones.

La experiencia de otros países enseña que la mejor forma de luchar contra el cáncer es la prevención y esto representa no sólo información, sino sistemas de diagnóstico muy avanzados, además de prácticas de seguimiento a los pacientes. Nada de eso se hace en Bolivia y no parece que la sola formulación de una ley nos lo otorgue.

En todo caso, habría que esperar que el Gobierno busque responder a éstas y otras preguntas en el reglamento. Sería muy lamentable que una urgencia como esta se quede en un papel con buenas intenciones y poca concreción. Parte del sueño de dignidad que tenemos los bolivianos  es el saber que podemos enfermar y ser curados en nuestro país, con los mejores recursos y los mejores médicos. No nos merecemos menos.
 

 

Confidencial

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