Editorial

Sobreprecio en el teleférico

sábado, 18 de enero de 2020 · 00:15

Ya se ha conocido oficialmente el tipo de contrato que se firmó en la Ciudad de México para la construcción de dos líneas del teleférico de 20 kilómetros de longitud. Las empresas contratadas son la austríaca Dopplemayr y la italiana Leitner.

La información de la decisión del gobierno (Alcaldía) de la Ciudad de México es importante porque tiene que ver con la construcción del teleférico en Bolivia. Y en un caso de muy probable sobreprecio.

En México, a diferencia de Bolivia, se motivó a una competencia entre ambas empresas, que conforman un duopolio a nivel internacional. En vez de hacer una invitación directa como la que sucedió en nuestro país, por órdenes del expresidente Evo Morales, a una sola empresa, es decir Doppelmayr, los mexicanos hicieron algo más transparente y más inteligente: generaron un proceso de subasta para lograr el mejor precio.

Y así sucedió. Un reporte del sitio de noticias H Parlante estableció que en México el precio promedio por kilómetro del teleférico costará 16 millones de dólares, frente a los 23,1 millones que costó en Bolivia. Son más de siete millones de dólares que ahorrará México con relación a Bolivia. La suma total supera los 227 millones de dólares que Bolivia habría pagado de más, ya que nuestro  teleférico tiene 32 kilómetros de longitud.

No se puede argumentar, como lo hizo el exgerente de la empresa Mi Teleférico César Dockweiler, a mediados del año pasado, cuando esta información fue conocida preliminarmente, que el precio de México sea más bajo porque no incluía los impuestos y porque la calidad de lo ofrecido por la empresa Leitner era menor. Las dos aseveraciones son erradas, por no decir mentirosas: en México sí se incluyen los impuestos y Leitner ofrece la misma calidad que Doppelmayr, como se demuestra en decenas de obras a nivel mundial.

Este es un escándalo de proporciones. Va a convertirse en uno de los mayores hechos de corrupción de la historia de Bolivia e incluso a nivel internacional un sobreprecio de más de 227 millones de dólares es un hecho gravísimo. Todo esto debe poder investigarse a detalle.

En Bolivia, el representante de la empresa austríaca es Carlos Gill, un empresario venezolano chavista que ha tenido muchos negocios en el país, desde  hacerse cargo de las obras civiles del teleférico hasta haber adquirido las ferroviarias oriental y occidental, las únicas empresas privadas que Morales decidió no nacionalizar. Además, es accionista de Gravetal y de La Razón. En otro orden de cosas, Gill no ha explicado cómo, a quiénes y en cuánto dinero vendió la red de TV ATB. La opacidad es parte de su manera de actuar empresarialmente.
 

 

19
246

Otras Noticias