Editorial

Los tropiezos de Camacho

jueves, 02 de enero de 2020 · 00:14

Varias  lecturas se pueden hacer de la afirmación  del exdirigente cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, en sentido de que su padre cerró trato con los militares y policías y que, por tanto, provocó la caída de Evo Morales del poder.

Lo primero es que Camacho le hace un flaco favor al proceso democrático, pero, sobre todo, a la lucha ciudadana de más de 21 días que obligó al Gobierno a pedir una auditoría a la OEA la que, en definitiva, fue la causante de la renuncia de Morales. Además, le resta mérito al propio gobierno de Evo, que cometió un gigantesco fraude electoral.

Camacho ha sido una figura importante y esencial en esta lucha ciudadana, pero no es correcto atribuirse logros colectivos. Hay que recordarle que tras el corte del sistema de transmisión rápida de datos (TREP), la gente se volcó a las calles a protestar contra los tribunales electorales y luego instaló un paro cívico que se hizo efectivo gracias a “las pititas” y que fue intercalado con cabildos ciudadanos.

Hay que reconocer que Santa Cruz hizo el paro y los cabildos más contundentes y que Camacho logró importantes golpes de efecto cuando puso un plazo para que Morales renunciara y cuando se trasladó a La Paz para insuflar ánimos a la juventud movilizada, pero de ahí a decir que el acuerdo militar y policial fue obra suya o de su familia, es cuando menos petulante, además de inexacto.

Hay que recordar que los policías se amotinaron el viernes 8 de noviembre (Morales renunció el 10) por el descarado manoseo de la tropa policial y que, por tanto ejercieron una fuerte presión sobre el exmandatario, pero los militares sólo sugirieron la renuncia de Morales cuando el Gobierno prácticamente se había desmoronado y a Morales no le quedaba otra salida que renunciar.

Además, decir que fueron los policías y los militares los que tumbaron a Morales es darle argumentos a la retórica del golpe de Estado que ha instalado el propio expresidente en el exterior, lo que habla del poco tacto político de este líder.

El exdirigente cívico, que ahora nuevamente anunció su candidatura en alianza con el cívico potosino Marco Pumari, se encamina a una campaña electoral accidentada porque en las previas ya cuenta en su haber al menos  con tres tropiezos de envergadura, todos ellos relacionados con audios o videos grabados de manera subrepticia.

El primero fue un audio filtrado al portal Detrás de la verdad en el que se escucha a Camacho recriminarle al dirigente cívico de Potosí, Marco Pumari, de estar reclamando 250 mil dólares por aceptar la candidatura vicepresidencial, además de pretender el control de dos oficinas de Aduanas. El segundo también tiene que ver con un audio entregado por el propio Camacho al periodista de CNN, Fernando del Rincón, quien lo puso en evidencia en su programa. Ese audio también fue protagonizado por Camacho y Pumari y según el cívico cruceño fue entregado por funcionarios del hotel donde sostenía sus encuentros, algo que el hotel negó rotundamente.

Y, el tercer tropiezo tiene que ver con un video en el que, ante un grupo de personas, reveló que él dio 48 horas de plazo a Evo Morales para que renunciara a la Presidencia, luego de que su padre cerrara trato con los policías y los militares para que no salieran a reprimir al pueblo; eso quiere  decir, para que desobedecieran a Evo. Dijo además que la persona que hizo esos tratos (Fernando López) fue nombrada como ministro de Defensa porque existía un compromiso en ese sentido. 

Todo esto lo muestra como impulsivo y poco prudente. Si bien cuenta con un importante liderazgo, para trascender en la política nacional debe esforzarse por mostrar que es una persona de fiar, que no está guiado por la finalidad de chantajear para sacarse del camino a sus adversarios ni para mostrarse como el salvador de la democracia. Los cultos a la personalidad y las maniobras políticas son parte de la mala herencia que ha dejado Evo Morales al país. Se debe entender que, después de la salida de Morales del poder, existe una demanda nacional por el retorno de la ética en la política. La gente ya no tolera el engaño, el chantaje, la mentira, el espionaje político y  el cuoteo de cargos. Es hora de que los líderes, sobre todo aquellos que quieren apropiarse de la revolución de las pititas, y lanzarse como figuras políticas a nivel nacional, lo entiendan.

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