Editorial

Un año del gobierno de Jair Bolsonaro

jueves, 23 de enero de 2020 · 00:15

Con más retórica y juego histriónico que verdaderos/profundos cambios en el manejo del Estado, concluye el primer año de gobierno de Jair Bolsonaro, el presidente brasileño que se posicionó a la derecha de la derecha, con un discurso abiertamente misógino y homofóbico, hiperreligioso y de una extrema intolerancia.

Queda aún fresca en la memoria las imágenes y palabras de Bolsonario -y de algunos de sus ministros- cuando juraron que habían llegado para que Brasil, el país más grande de la región, se “libere del socialismo”. La nación más abierta  y  tolerante de América Latina; la que había liderado una importante vanguardia de izquierda que mantuvo el poder por 16 años e influyó poderosamente en otros países de la región dio un salto al costado opuesto con la elección de Bolsonaro. El “petismo” (PT, partido de los trabajadores) había desencantado a millones de brasileños con la misma contundencia que a inicios de siglo los sedujo bajo la impronta de Inácio Lula Da Silva; de hecho, los analistas sostuvieron que el voto que llevó al poder a este exmilitar de derecha fue el  anti-PT, más que la real concordancia con sus postulados.

En todo caso, luego de un año de gestión, la administración de Bolsonaro se ha caracterizado por la polémica interna y externa, un discurso confrontacional contra las diversidades sexuales, los migrantes y otros, pero especialmente virulento contra la prensa No han pasado tampoco inadvertidas sus posiciones decimonónicas o anacrónicas en historia, ciencia y sobre todo en relación al medioambiente, respecto al cual mantiene la misma línea negacionista de Trump. La agresividad también ha sido el tono imperante en su relación con el Congreso y con cualquier funcionario o figura pública que no esté de acuerdo con sus ideas.

Sin embargo, un rápido análisis de las acciones concretas de su gobierno frente al resto de países de la región  evidencian que su tono hostil y polarizador permanece, más que nada, en lo discursivo  y pierde fuerza cuando de decisiones y políticas públicas se trata. 

Si bien Bolsonaro ha hecho énfasis en apoyar a gobiernos de su mismo corte ideológico, como el de Estados Unidos, Colombia y Chile, y anteriormente a Argentina con Mauricio Macri, ha dado continuidad a la política exterior y económica a grandes rasgos. Su gestión  no ha tenido hasta ahora el nivel de disrupción regional que se preveía y ha tenido más bien un rol de remolque en vez de liderazgo. Con todo, su presencia y vigencia (su popularidad ha caído pero se mantiene un nivel expectable) demuestra que el retorno del populismo de izquierdas o derechas es un buen negocio para los políticos de esta parte del mundo.

 

 

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