Editorial

El discurso de la presidenta Añez

viernes, 24 de enero de 2020 · 00:15

Ha causado buena impresión general e incluso gran entusiasmo y muestras de adhesión, el discurso de la presidenta Jeanine Añez este 22 de enero, día del Estado Plurinacional de Bolivia.

En una alocución que demandó poco más de media hora, Añez consiguió comunicar lo que había decidido resaltar como informe de estos dos meses y 10 días que lleva al mando del país.

Han sido datos interesantes los compartidos por la mandataria relacionados a la gestión de 14 años del MAS, algunos ya conocidos como que “nos mintieron” sobre las reservas de gas y que dejaron seis años continuos de déficit fiscal y cinco años de déficit comercial, pasando por el despilfarro de recursos públicos -como la confiscación del 90% del IDH de las regiones-, hasta el hecho de que la empresa nacional de telecomunicaciones, Entel, se haya convertido en “la caja chica” de ese partido. “Hubo un abuso de los recursos a favor de un partido político” e incluso para partidos extranjeros, dijo, en alusión a Podemos, de España.

También fue un discurso político, en el que  destacó el carácter constitucional de su mandato, describiendo hechos y actores, además del seguimiento a lo que dicta la Constitución, que dan legitimidad democrática a su presencia al mando del país.

Recordó y agradeció el apoyo de su equipo, de los jóvenes, de las mujeres, de las Fuerzas Armadas y de la Policía  y,  sobre todo, en un momento de mucha emotividad, de su familia y sus hijos. Mostró la Presidenta fortaleza y a la vez sensibilidad en gran parte de su disertación.

Pero, también hubo omisiones, imprecisiones, algunos rasgos para el análisis y expresiones de la línea política por la que apuesta.

Primero,  ya no apareció con la Biblia, aunque fue enfática en el espacio que ocupa Dios en su vida y su  gobierno. El hecho de que  Bolivia es un Estado laico es claramente para ella un aspecto prescindible.

Fue interesante el que a pesar de que sólo lleva dos meses en el Gobierno insistió en varias veces en "la labor cumplida", un rasgo exitista para un país que aún no concluye la transición a la que se enfrenta y en la que, aunque se han dado pasos importantes como el llamado a elecciones, el consenso parlamentario, la recomposición del Tribunal Electoral y otros, resta aún mucho por transitar para arribar a un cambio de mando en condiciones de seguridad y estabilidad. En definitiva un discurso dirigido a los ganadores de esta última crisis.

Esto puede tener que ver con los aprestos de postularla como candidata a las próximas elecciones, aspecto que es alentado por sus ministros y muchos de quienes participaron en las movilizaciones de octubre pasado, pero que debería ser reconsiderado por el rol que aún le corresponde jugar a la Presidenta, sin mencionar su palabra empeñada en sentido de que no se presentaría como candidata. Es sabido que la palabra empeñada tiene poca importancia para los políticos en el país, lo vimos con Evo, con Fernando Camacho y podría ser el caso de Añez.

No sabemos aún si por esta razón, una omisión importante de su mensaje fue no incluir entre los actores que contribuyeron a la pacificación a Eva Copa y a los líderes del MAS que, en el momento más difícil y polarizado, optaron por viabilizar consensos y tomas de decisiones sin las cuales ninguna paz hubiese sido posible. Puede que esto haya parecido poco estratégico a la Presidenta, que debía mostrar su trabajo y el de su equipo  pero, si hablamos de cambios y de otra calidad de discursos, hay que decir que este detalle quedó en falta.

Por lo demás, decir que Bolivia vivió su crisis política más grande en democracia es una exageración, pues hace apenas 16 años pasamos por momentos de igual zozobra e inestabilidad durante la Guerra del Gas. Lo mismo para el fraude más grande de la historia: no hay cuantificación y no se está acordando del MNR y de los militares. También sostuvo que no había ni un solo representante indígena en la cúpula decisoria del MAS. ¿Y Evo?

Queda claro, con todo, que Añez es una política solvente, que no se irá a conformar con ser denominada la “autoproclamada”, que quiere dejar una impronta y que tiene ambiciones políticas personales más allá del rol en que la historia reciente la colocó.

 

 

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