Editorial

La retórica agresiva debe parar

domingo, 11 de octubre de 2020 · 00:15


Existe nuevamente en el país una espiral de retórica agresiva, que viene de varios sectores de la ciudadanía. Las divisiones étnicas, regionales y sociales han recrudecido en los últimos meses, atizadas por la irresponsabilidad de líderes políticos y de autoridades.

Por un lado, Luis Fernando Camacho y sus asesores, algunos ni siquiera cruceños, han difundido la idea regionalista de que Santa Cruz da mucho al país, alimenta a los bolivianos y produce más que cualquier otro departamento, pero que a cambio no recibe nada. Sin duda, el aporte de Santa Cruz al país es invaluable, sin mencionar que ese departamento ha sido afectado largamente por el centralismo, ha logrado un modelo productivo digno de encomio y necesita una mayor gravitación política. Sin embargo, en la retórica de la campaña de Creemos ha recrudecido una suerte de confrontación regional, no exenta de excesos y riesgos, que poco bien le hacen a la democracia y menos al actual proceso electoral. La idea de algunos de los líderes que apoyan a Camacho, en sentido de que Santa Cruz “le hace un favor” a los migrantes que llegan a esa región, es errada y peligrosa. Sin desdeñar la importancia de Santa Cruz, en etapas anteriores de nuestra historia fueron Potosí, La Paz y otras ciudades las que recibieron migrantes. Cada época es diferente según el desarrollo de las diferentes regiones.

Tan irresponsables como esas son las declaraciones de líderes del MAS, que hablan de “revuelta” o “levantamiento” si es que su partido no gana los comicios del 18 de octubre. Esos líderes siguen con la retórica de su jefe, Evo Morales, que divide al mundo en dos: los que están supuestamente “con el pueblo” y quienes son “antipatriotas”, “neoliberales”, “masacradores”, etc. En la mente de Morales el mundo solo tiene amigos y enemigos, no hay espacio para el diálogo, el disenso democrático, la diversidad de ideas; muchos menos la reconciliación. Con toda esta retórica, se sospecha que el MAS está preparando una coartada para, en caso de que el resultado de los comicios sea menos favorable a lo que sus dirigentes esperan, deslegitimar todo el proceso electoral. Una ironía considerando que quienes plagaron de irregularidades y atropellos el proceso electoral del año pasado, llevándolo a su anulación por fraude, fueron precisamente el MAS y sus operadores. Ignorar aquello para instalar ahora el discurso victimizador de un eventual fraude contra ese partido es, además de irresponsable, extremadamente cínico.

Sin embargo, desde el lado de las autoridades tampoco se ve una actitud moderada, madura y matizada. El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, ha impuesto en el oficialismo un estilo agresivo, irreflexivo y guerrerista, que es el que menos necesita el país. En vez de procurar calmar la situación e intentar bajar los ánimos, hace lo contrario, le echa gasolina a la precaria situación actual. Lamentablemente, la presidenta Jeanine Añez, que ya se sabe actúa bajo la influencia de Murillo, se ha sumado a ese estilo confrontacional. En una reciente declaración dijo que “si los masistas quieren salir a las calles (…) ahí nos van a encontrar”. Si ella cree que eso ayuda a que no existan movilizaciones, está equivocada. La provocación no es la receta adecuada. La Presidenta, ahora que ha dejado de ser candidata, se debe a todos los bolivianos, incluidos los adeptos al MAS y a Evo Morales, y esta actitud no aporta a crear el clima de tolerancia y respeto a las diferencias que es ahora más importante que nunca. 

Esta retórica agresiva de todos los bandos debe cesar. Por el bien del futuro del país, la dirigencia de los diferentes bandos debe pensar en el interés nacional antes de buscar réditos particulares o electoralistas. Nos encontramos ante una difícil e histórica elección, que determinará el destino del país por muchos años; lo menos que debieran ofrecer los actores políticos es responsabilidad con la paz y la unidad de todos los ciudadanos. Hemos vivido largos años en los que la democracia se ha visto precarizada, es hora de que haya un compromiso por recuperarla.

 

 

 

 


   

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