Editorial

Cambios recurrentes de autoridades

miércoles, 14 de octubre de 2020 · 00:15

El líder de un país debe tener la capacidad de improvisar decisiones ante posibles situaciones de crisis, para evitarlas o amainarlas. En otros momentos debe tener la capacidad de mantener sin cambios algunas estrategias y políticas.

Esto no le ha sido fácil a la presidenta Jeanine Añez, que no ha logrado hacer cambios cuando eran necesarios, por ejemplo, cuando su régimen perdía popularidad, ni mantener la estabilidad cuando las circunstancias las exigían. Su administración  se caracteriza por la inestabilidad y la incertidumbre.

Cuatro ministros, si se incluye al procurador del Estado que es también nombrado por la presidenta Jeanine Añez, han sido los últimos en renunciar o ser destituidos de sus puestos. En las últimas horas se han sumado los cambios en tres viceministerios y en la  presidencia de YPFB, justamente en medio de una crisis de abastecimiento de combustibles, en especial diésel. Por lo que el nuevo nombramiento de autoridades -a días de la elección- contribuye a causar mayor zozobra. Si bien esta autoridad ha renunciado por motivos de salud, su remoción se suma a una serie de otras anteriores. 

Ha sido tal cantidad de autoridades que han cambiado en puestos clave de la administración pública que son muy pocos los ministerios en los que no ha habido cambios desde el  inicio del gobierno, hace 11 meses. 

Esta es una mala señal e impronta para la Presidenta. No es aconsejable que no se pueda designar a personas que se mantengan más de unos meses en sus cargos. El exministro de Economía Óscar Ortiz alcanzó a estar solamente 10 semanas en el puesto, pese a la alta importancia del mismo. 

Esta volatilidad afecta la credibilidad de todo el Ejecutivo y genera aún mayor incertidumbre cuando la economía pasa por su crisis más seria desde el gobierno de la UDP.

Es  preocupante que este gobierno, que tiene escaso apoyo popular y una pobre presencia parlamentaria,  y  prácticamente va a desaparecer tras las elecciones como un actor de relevancia nacional, mantenga tal grado de conflictos y rencillas internas. Los colaboradores de la presidenta Añez no han podido o no han sabido unirse en torno a objetivos comunes, lo que ha hecho que el ministro Arturo Murillo destaque como el hombre más poderoso del Estado.

Añez, que fue considerada como una esperanza por todos quienes deseaban una transición democrática tras el largo régimen autoritario del MAS debe terminar su gestión con señales de seriedad, estabilidad y responsabilidad. Si esto no fue posible durante los meses pasados, es imperativo que lo sea en las difíciles semanas que se nos depara.
 

 

 

 


   

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