Editorial

Una victoria que debe unir a Bolivia

martes, 20 de octubre de 2020 · 00:15

Una vez más el Movimiento Al Socialismo ha demostrado ser el partido más fuerte y nacional del país. La contundente victoria en primera vuelta confirma que, en primer lugar, la elección del año pasado –que hubiese sido virtualmente perdida por el entonces presidente Evo Morales- representaba únicamente un rechazo a su afán de permanencia inconstitucional en el poder y, en segundo lugar, que la cuestionable gestión del gobierno de transición no ha hecho más que devolverle al MAS el terreno perdido por los excesos a los que había llegado ese partido y su caudillo.

Por otro lado, la victoria del MAS también evidencia que sus oponentes no alcanzaron, con todo el discurso y los recursos desplegados, ni siquiera a arañar una segunda vuelta; es decir, ha sido claramente rechazada por el pueblo boliviano. Y este resultado, debe –ojalá- permitir una lección para la clase política: Bolivia es un país diverso, de profundas raíces populares e indígenas, sin las cuales no se puede hacer un proyecto alternativo al MAS. Carlos Mesa y todavía más Luis Fernando Camacho  no consiguieron un atisbo de esa base social sin la cual no se puede comandar este país.

El MAS, pese a ese prontuario de violaciones a la Constitución, los abusos y excesos de la corrupción y la persecución política, sin mencionar la cooptación escandalosa de la justicia, sigue siendo la opción que representa a las y los bolivianos, y eso no sólo tiene que ver con lo que esta fuerza política es y representa, sino con lo que los adversarios a ellos no han logrado ser en más de 14 años. El discurso antimasista no pudo, como se ve en estos resultados, quitarle su hegemonía ni siquiera en el peor momento de ese movimiento, con un líder desgastado, rodeado de acusaciones, lo que incluye un fraude electoral descubierto por la OEA y avalado por la UE.

En plena pandemia Bolivia optó nuevamente por el voto como voz de su voluntad;  y lo hizo de forma ordenada, pacífica y sacrificada; sin un atisbo de la mezquindad que les sobró a los políticos en disputa. Y este es el resultado: un resultado claro e indiscutible.

Sin embargo, tiene el MAS y el presidente electo, Luis Arce, varios desafíos por delante: 1) Debe recibir –y junto con él todo su partido, pero especialmente su máximo líder, Evo Morales- este triunfo con la debida autocrítica: los errores y excesos cometidos no pueden quedar en el olvido y sepultados por la impunidad y el abuso del poder; se deben aclarar las acusaciones planteadas ante el pueblo que le ha dado un nuevo voto de confianza. 2) Debe ser un gobierno de unidad y reconciliación. Si algo ha caracterizado tristemente al gobierno del MAS y ha constituido uno de los principales argumentos del antimasismo ha sido el uso del discurso polarizador y confrontacional de Evo Morales y sus allegados; un discurso que no respeta la pluralidad de ideas ni el disenso. Ojalá esto pueda ser revisado por los actuales mandatarios. 3) Arce debe demostrar que es él quien gobierna  y no permitirse ser un títere de Morales; recordemos que una de las razones del desgaste del MAS ha sido la negativa de Evo Morales a dejar surgir y crecer liderazgos paralelos al suyo. Esto debe cambiar. 4) Finalmente, y como medio de comunicación que ha sufrido durante sus 10 años de vida la estigmatización del MAS, la asfixia económica y el veto al acceso a la información pública, debemos esperar que este nuevo ciclo del MAS respete la libertad de expresión y opinión, y no busque construir una nueva hegemonía de medios afines para mantenerse en el poder. 

Lastimosamente, el expresidente Evo Morales alberga una curiosa y antidemocrática lectura de lo que deben ser los medios de comunicación; pero del otro lado, existen y siempre existirán medios y periodistas que no conciben otro periodismo que aquel que no sea crítico con el poder. 

Finalmente, hay que decir que este nuevo triunfo del MAS obedece también a la mediocre gestión del gobierno de transición, que no sólo la tuvo difícil por recibir un país aún en manos de las estructuras del MAS y administrar una dura pandemia, sino que gobernó con un discurso confrontacional y encima electoralista: la candidatura de la presidenta se sigue sintiendo en estos resultados. Pero no sólo eso, sino también la corrupción y el autoritarismo de un gobierno que solo debió convocar y viabilizar las elecciones  y atender la crisis sanitaria.

 

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