Editorial

La oportunidad que perdió Santa Cruz

martes, 27 de octubre de 2020 · 00:15

¿Le hizo “daño” la candidatura de Luis Fernando Camacho (Creemos) a la oposición al MAS en esta elección? Las cifras demuestran que aún si el candidato cruceño hubiese resignado su pretensión, los resultados no hubiesen alcanzado para una victoria del segundo en disputa, Carlos Mesa. Lo que sí puede afirmarse es que el discurso enarbolado por Creemos destinó más artillería contra Mesa que contra el MAS, a quien decía combatir, y el resultado fue mostrar una oposición que se combate a sí misma, se desordena, se divide y esto puede haber empujado al gran número de indecisos que se mantuvo hasta el final de la campaña, a elegir la opción más estable del MAS.

Pero estas son conjeturas. Lo que es más evidente es el tipo de liderazgo y retórica que ensalzó Camacho y lo que esto representa. Se lo acusa de haber exacerbado el regionalismo y la confrontación oriente-occidente, y esto tiene mucho de cierto. El discurso de Camacho, aunque se dijo nacional, nunca intentó en realidad salir de los márgenes de su región; allí se hizo fuerte y sólido mientras que rozó apenas a algunas ciudades del país y un poco más a Beni y Pando, donde tuvo resultados interesantes, pero nada descollantes. Fue una opción por el voto cruceño, y -aún a costa de una división del voto opositor- por una presencia relevante en la Asamblea Legislativa. Y lo logró.

Pero más que el regionalismo, su campaña exaltó rasgos del pensamiento cruceño tradicional como la religiosidad y el sentimiento identitario; eso, sumado a un reclamo al centralismo que, con evidencias hasta la fecha, ha sido y es un lastre para el cruceño. El exministro Guido Añez lo expresó en un comentario que hizo público en sus redes sociales:  “(...) Nos estudiaron principalmente a los cruceños, y concluyeron que tenemos dos características: el excesivo amor a nuestra tierra y la creencia en Dios; e hicieron un candidato que realce ambas cosas y lo consiguieron. Nunca vi a mi pueblo tan fanatizado por una candidatura, era imposible siquiera conversar racionalmente con alguna gente, se volvieron impenetrables e intolerantes; eso no es democrático, ni es la esencia del ser cruceño; los cruceños somos abiertos, alegres, tolerantes y estamos dispuestos a escuchar a todos, menos a los que ofenden nuestra cultura y nuestra forma de ser”.

En efecto, la militancia de Camacho se mostró radical, fundamentalista y confrontacional; no sólo con el resto del país sino ante los disensos o críticas propias, de analistas y opinadores locales que lo criticaron. Fue una postura de consigna y dogma que dividió no sólo a los bolivianos, sino a los cruceños, que se vieron de una orilla a otra, sin entenderse.

El resultado ya lo conocemos, pero el efecto aún no ha sido superado y, al parecer, no pretende ser revisado por esta tienda política, que sigue repitiendo el eslogan de la valentía y la lucha. 

Sin embargo, Creemos ha movido las fichas del liderazgo político cruceño, y puede llegar a desplazar a las representaciones políticas tradicionales como la de Demócratas que prácticamente ha desaparecido del escenario legislativo al lado de Juntos y la fallida postulación de  Añez. 

Con todo, Camacho ha perdido la posibilidad de ser un líder nacional y de representar una “nueva forma de hacer política”, como tanto proclamó. Se rodeó de políticos tradicionales y su discurso ultraconservador y furibundo produjo actos de fe, pero con ellos no alcanza para proyectarse como un líder nacional. Por supuesto que un replanteamiento de esta estrategia es todavía posible para un político joven como Camacho, lo que dependerá de su olfato y su visión.

Santa Cruz reclama un espacio en el poder político, y el poder político necesita de Santa Cruz para gobernar, pero, por eso mismo, el liderazgo cruceño tiene que mirar a todo el país, entenderlo y también entenderse. Esta elección ha dejado muchas lecciones en este sentido a la oposición anti-MAS, pero la principal de ella debería ser la visión de nación, de inclusión que, hasta ahora, sólo el MAS la ha tenido.
 

 

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