Editorial

El gran debate presidencial

domingo, 4 de octubre de 2020 · 00:15

Más de 14 años han trascurrido sin que la democracia boliviana vea a quienes le solicitan su voto, debatir sus ideas y propuestas para gobernar. Desde que Evo Morales impusiera la idea de que él sólo debatía con (sus) organizaciones sociales y que por tanto  no tenía que rendir cuentas a nadie más sobre sus políticas, los debates entre candidatos fueron eliminados. En sustitución, los aspirantes al poder optaron por el monólogo -que ha gozado de larga y feliz vida-, la guerra sucia y las declaraciones altisonantes y mediáticas para hacer campaña y conquistar al elector. 

Vanos fueron los intentos de presionar a Evo para que se siente a debatir con sus adversarios -por débiles que estos fueran-, y mostrar así al país respeto y consideración que son elementales en democracia. 

En esta elección se ha logrado, por primera vez, convocar a todos los candidatos simultáneamente a un debate presidencial, con la intención de recuperar el principio de la rendición de cuentas ante el elector, de la responsabilidad de la propuesta como herramienta de campaña, y del diálogo democrático entre diversas tendencias antes que el ataque y la pugna.

El principal de los debates anunciados es el organizado por la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia, la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la Fundación Jubileo, la Universidad Mayor de San Andrés y una amplia Red de Medios de Comunicación de todo el país  que acordaron realizar y transmitir en conjunto un solo debate presidencial previo a las elecciones nacionales del 18 de octubre.  

La idea de concentrar esfuerzos en un debate principal obedece al criterio de convocar la atención del elector en un evento en el que todos los candidatos puedan ser vistos e interpelados sobre los temas principales de la agenda pública. Por ello, es que más de 80 medios se sumaron a estas instituciones y acordaron unir energías en alcanzar, después de casi dos décadas, este importante momento.

La metodología del debate, así como su organización, han sido detalladamente cuidadas y todo parece indicar que será un encuentro muy valioso para apuntar el voto responsable e informado del ciudadano.

Sin embargo, cabe lamentar que nuevamente el MAS -que según las encuestas hasta ahora conocidas lidera la preferencia electoral-, haya optado por reproducir los mismos argumentos y prácticas de Evo Morales: la negativa de presentarse junto a los demás candidatos, de igual a igual, para polemizar y exponer ideas y propuestas. 

Primero con la dilación de su decisión y más recientemente con un pretexto absolutamente poco serio -el que tenía que asistir a una entrevista en un canal de televisión-, el candidato Luis Arce ha decidido dejar al electorado sin su presencia y, con ello, sin la posibilidad de escucharlo y compararlo con sus pares.

Ante la presión de la opinión pública y los organizadores para que Luis Arce asista, el MAS optó por manipular a un medio de televisión -que se ha prestado para ello obedientemente- para cambiar el horario de la entrevista (que ya había sido anunciado para este viernes 2 de octubre) al mismo día y hora del Debate. 

Una pena que un medio de comunicación ceda a estas maniobras, pero más triste que un candidato se niegue por soberbia o temor a comparecer junto con los demás candidatos y responder a la ciudadanía. 

Aunque este candidato tenga más votos e, incluso, aunque resulte ganador de los comicios, ha perdido la oportunidad de mostrar empatía, sencillez, sinceridad frente al país; algo que su predecesor, el expresidente Evo Morales, siempre desechó, haciendo de la prepotencia un capital político.

Los debates -como las encuestas- no determinan votaciones, pero son espacios necesarios de deliberación y construcción democrática. 

Justamente ahora que tenemos una democracia lastimada y en proceso de recuperación, este evento representa un hito del que esperamos buenos resultados.

 

 

 


   

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