Editorial

La sombra de la violencia política

jueves, 8 de octubre de 2020 · 00:15

Cuando estamos a 11 días de las elecciones generales, el ambiente político se va enrareciendo con actos de violencia cada vez más frecuentes y con advertencias de parte del MAS, que incluyen un supuesto plan para “descarrilar” el proceso electoral y la amenaza de recuperar el poder de las calles en caso de que haya irregularidades.

La oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos reportó, desde el 6 de septiembre, 27 acciones de violencia en contra de CC, Creemos, FPV y MAS, por lo que ha expresado su preocupación.

Los hechos han recrudecido en las últimas horas con el hostigamiento a la casa del presidente del Tribunal Electoral Departamental de Santa Cruz, Saúl Paniagua; un ataque a la candidata a primera senadora de CC en Cochabamba, Andrea Barrientos; el enfrentamiento de grupos del MAS y de la denominada resistencia paceña en la sede de Gobierno tras la ratificación de la sigla del MAS; y las manifestaciones violentas en contra de la Fiscalía General del Estado en Sucre de parte de grupos radicales que exigen avances en los casos que involucran a Evo Morales.

Estos hechos son protagonizados por los dos bandos más radicales que existen en el país y que antes ya  protagonizaron enfrentamientos, en el marco de las movilizaciones de octubre y noviembre del año pasado y en el bloqueo de caminos de agosto de este año.

La mayoría de los bolivianos apuestan por la salida democrática, pero estos dos bloques están predispuestos al ataque mutuo, lo que aumenta la incertidumbre y la zozobra a pocos días de los comicios.

Lo llamativo del caso es que en paralelo a estos actos violentos de uno y de otro lado, el MAS ha iniciado una estrategia discursiva para instalar la idea de que puede haber fraude electoral o que el Gobierno busca suspender las elecciones. Basa sus advertencias en el reciente viaje que hizo el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, a Estados Unidos y en los anuncios de desplazamiento policial y militar para garantizar las elecciones.

Pero, el MAS ha ido mucho más allá de las denuncias. En la voz de los dirigentes Andrónico Rodríguez y Orlando Gutiérrez ha dicho que recuperará el poder de las calles si es que hubiera algún indicio de fraude o irregularidad en las elecciones. Luego ha matizado el discurso indicando que aceptará los resultados, pero sabemos que el MAS tiene dos retóricas, una para sus movimientos sociales, que suele ser la real, y otra para aparentar un ropaje institucionalista.

Lo cierto es que después de 14 años de manipulación del Órgano Electoral, ahora tenemos un Tribunal  Electoral confiable y, por tanto, nadie tendría que temer sobre la veracidad y transparencia de los resultados.

Según las últimas encuestas, se ha estrechado la brecha entre el candidato del MAS, Luis Arce, y el de CC, Carlos Mesa, lo que explica el nerviosismo del MAS, que empieza a hablar abiertamente de fraude o de planes para que no haya elecciones.

Las acciones violentas de octubre y noviembre del año pasado, además del bloqueo de carreteras en plena pandemia, han dejado un trauma en la población boliviana. Por eso, hablar nuevamente de hechos de violencia genera tensión e incertidumbre.

Durante el debate presidencial, los candidatos asistentes, excepto Chi Hyun Chun, se comprometieron a respetar los resultados que salgan de las urnas. Pero, lamentablemente no estuvieron presentes los candidatos del MAS y de Creemos para expresar su posición al respecto.

Frente a esta situación, la ONU, UE e Iglesia Católica han hecho un llamado “urgente” a que candidatos y militantes contribuyan a un clima de paz y tolerancia. Además, esas tres entidades que tienen una alta estatura moral por haberse jugado por la democracia en Bolivia, dan su voto de confianza en el Tribunal Electoral. Página Siete se suma a los llamados de paz para que el descontento que pueda existir en uno y otro bando se canalice a través del cauce democrático este 18 de octubre. 
 

 

 

 


   

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