Editorial

Atropellos en la retoma del poder

jueves, 12 de noviembre de 2020 · 00:15

El MAS ganó las elecciones con el 55% de los votos y no tendría necesidad de retomar el poder de manera hostil y violenta. Con memorandos hubiera sido suficiente para remover a los funcionarios que trabajaron en el gobierno de Jeanine Añez. Mal que nos pese, el peguismo es una enfermedad  endémica de nuestra democracia, parte de nuestra aún precaria cultura política.

Pero no. El sello inconfundible del MAS es el atropello, la virulencia, el abuso, el irrespeto a las normas y a la institucionalidad, y así es como actúan sus militantes en su intento de retomar las oficinas y también las sedes sindicales.

Los antiguos funcionarios del gobierno de Evo Morales se creen dueños de los puestos de trabajo y por eso, antes de que lleguen siquiera los nuevos ministros, concurrieron a las oficinas públicas a hostigar a los funcionarios del gobierno de Añez e incluso a otros remanentes del anterior régimen del MAS, y a exigirles que desalojen sus escritorios, acusándolos de golpistas, fascistas o traidores.

Al parecer, lo que está en el fondo de estos atropellos no es una pugna con los funcionarios añistas, sino con los masistas de otros bandos; por eso, los unos se apresuran a tomar las oficinas para frenar la llegada de los otros.

La debilidad institucional es uno de los males de Bolivia, desde siempre. Pero, sin duda, fue el gobierno de Evo Morales que sobresalió en su afán de destruir la poca institucionalidad del país.

No existen en Bolivia funcionarios elegidos por méritos que se mantengan más allá de un gobierno o que sobrevivan, al menos, a un cambio de ministro. Toda nueva autoridad que entra al poder lo hace con sus colaboradores, sin importar si están o no preparados.

Durante el gobierno de Morales, el requisito más importante para acceder a los puestos del Estado era el aval de algún sindicato, lo cual no garantiza idoneidad para el cargo, pero sí lealtad al Gobierno y al partido.

Y una vez adentro, el funcionario era, además, sometido a la exacción de su salario para pagar actividades de campaña y otros gastos que no están contemplados en la ley. Pero no sólo eso, sino que tenía que nutrir actos multitudinarios en diferentes partes del país para mostrar apoyo al caudillo del partido.

Esta visión patrimonial del Estado, en favor de un partido y de sus sectores sociales, por lo visto no ha cambiado, pues apenas conocidos los resultados, los viejos empleados corrieron a tomar por asalto lo que consideran puestos de trabajo de su propiedad.

Hay que recalcar que esta conducta no es característica únicamente del MAS, sino que también durante el gobierno de Añez hubo masacres blancas, funcionarios que salieron huyendo por temor a ser detenidos, destrucción de documentación, cerco a instituciones y un cambio forzado de funcionarios que respondían a las nuevas autoridades.

Estos días, en paralelo también se produjo la retoma de sedes sindicales en medio de hechos de violencia que califican como delitos y que tendrían que ser juzgados por la justicia. Pero, como sabemos que la justicia también cambió de color el 18 de octubre, hay poco que esperar en este ámbito.

La oficina de la Fejuve de La Paz fue violentada por grupos del MAS que responden al exdirigente Jesús Vera, que estuvo preso acusado de la quema de los buses PumaKatari durante los sucesos de noviembre del año pasado.

Las escenas que se vieron son dramáticas: las personas tuvieron que escapar por una ventana que da al río Choqueyapu y al no tener de dónde sostenerse iban cayendo al vacío, causándose heridas en su intento de salvar la vida.

También hubo enfrentamientos en el intento de retoma de la sede de Adepcoca por parte de los dirigentes masistas, que quieren recuperar el control de esa entidad que está manejada por el grupo de Franclin Gutiérrez, quien estuvo preso durante el gobierno del MAS y que fue liberado en la gestión de Añez.

Todas estas acciones van a contraflecha del discurso de reconciliación emitido por el vicepresidente David Choquehuanca, durante su posesión. Precisamente por eso y si este Gobierno quiere diferenciarse de los abusos cometidos por el MAS de Evo Morales, los nuevos mandatarios o sus ministros deberían dar un mensaje contundente condenando estas acciones, llamando a respetar la institucionalidad y   hacer un traspaso del poder de forma ordenada y pacífica.
 

 

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