Editorial

La vacuna no es la panacea

miércoles, 16 de diciembre de 2020 · 00:15

Si algo tenemos claro en estos tiempos eternos de pandemia es que nada está totalmente claro (valga la redundancia). Es decir, ni siquiera se puede afirmar que la llegada de una vacuna sea la esperada y definitiva solución para la humanidad. Es más, ya se ha empezado la aplicación de las vacunas en países como Rusia, Gran Bretaña y EEUU, pero para que se llegue solamente a la población más vulnerable o al personal de primera línea -y que se pueda decir que se ha superado el riesgo del virus- queda aún un trecho largo.

Las segundas olas están en su apogeo y no faltan quienes ya hablan de una tercera, pues el mundo entero ha empezado a relajar medidas de protección ante la cercanía de las fiestas de fin de año. Es más, en países europeos, donde la segunda ola ha sido en algunos casos más fuerte que la primera, ya se han empezado a endurecer medidas ante el riesgo de que los hospitales se vean abrumados por una tercera ola.

En ese panorama, la vacuna se muestra esperanzadora, pero no faltan las voces que llaman a la mesura y no al exitismo. Sucede que, además del tiempo que toma su llegada a los diferentes países y su distribución, hay otros aspectos a tomar en cuenta como las diferencias entre una y otra marca. Esto tiene que ver con aspectos desde la eficacia hasta los efectos colaterales, pues hasta la fecha, por la premura con que se está procediendo a la distribución y uso de las diversas vacunas, no se han hecho estudios comparativos entre ellas.

Luego está el hecho de que la vacuna no exime del uso de medidas de bioseguridad, por lo que las personas que se vacunen no pueden circular libremente sin ninguna precaución; y, en tercer lugar, el hecho de que la vacuna no es obligatoria y habrá quienes no la acepten, con lo que el efecto de la misma no será absoluto.

Con todo, la esperanza está puesta en la inmunización para la reducción del impacto de la enfermedad. Sin embargo, sería interesante que las personas avancemos en la responsabilidad y el autocuidado con el mismo interés con el que esperamos las vacunas. Lo  visto en estos días en el mundo muestra la poca  responsabilidad social que tenemos las personas, pues se han relajado los cuidados de forma evidente con los resultados que estamos viendo.

Lo otro es el papel de los Estados y los gobiernos: la mayoría no está de acuerdo en volver a medidas restrictivas y confinatorias pues se sabe que la presión contra la economía  será insostenible. Sin embargo, es de preguntar si (en el caso boliviano, por ejemplo) se está aprovechando el tiempo para acondicionar los hospitales, tener al equipo médico preparado  y diseñar medidas preventivas. Nada de eso se ve por ahora en Bolivia, y es preocupante.
 

 

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