Editorial

La ley por encima de todo

sábado, 15 de febrero de 2020 · 00:15

Uno de los logros indiscutibles del proceso de transición democrática que vivimos ha sido la elección de los miembros del TSE, logro que ha sido unánimemente celebrado. En el clima de polarización política que vivimos esto no es poca cosa.

Tamaño ha sido el daño causado al TSE y a la democracia por la parcialización de los anteriores miembros, que al aspecto al que más destaque se le ha dado en su nueva composición, y a su presidente en particular, ha sido su independencia. Podemos estar seguros de que la compleja labor del TSE exige de sus miembros no sólo esa independencia sino competencia técnica en varios temas de los que los observadores tal vez ni sospechamos. 

Esta competencia está siendo puesta a prueba en la compleja organización de las próximas elecciones contrarreloj, pero es la independencia del TSE la que está en la mira a propósito de la decisión que debe tomar en la habilitación de los candidatos a esas elecciones, y la de algunos miembros del MAS en particular, con Evo Morales como centro de toda la atención.

No cabe duda que para muchos la presentación de Evo como candidato a senador por Cochabamba tiene todos los visos de una estratagema para blindar al expresidente no de los ataques norteamericanos, como argumenta él, sino de la justicia boliviana, ante la cual debe responder por una serie de actos, entre los cuales tal vez el más grave sea el crimen del hotel  las Américas.

Bajo esa óptica, la habilitación de Evo como candidato, con su casi segura elección dada su popularidad en Cochabamba, sería una aberración que trasciende a lo legal. Así se ha expresado el Comité Cívico Pro Santa Cruz, cuyo presidente, Rómulo Calvo, ha declarado haber “comunicado  (a los vocales) sobre todo lo que  es ilegal e irregular en esa candidatura de Evo Morales”.

Una parte del país comparte los temores del Comité, pero la tarea de interpretar la ley para habilitar candidatos sólo corresponde al propio TSE y es difícil no ver las declaraciones del señor Calvo como presión.

Este periódico tampoco ve con buenos ojos la habilitación de Evo Morales como candidato por las razones antes mencionadas, pero no debemos ni presionar, ni poner en duda la idoneidad de los miembros del TSE, quienes tendrán  que tomar esa difícil decisión (y todas en lo  futuro) en estricto apego a la ley, y sólo de acuerdo con ella. Presionar implica poner en duda esa idoneidad, como si el TSE pudiese tomar una u otra decisión en respuesta a presiones.

La celebrada independencia es una independencia de los intereses políticos en juego, pero la libertad del TSE termina donde comienza la ley. En eso nos jugamos la democracia. 
 

 

 

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