Editorial

El satélite, otro “elefante blanco”

lunes, 24 de febrero de 2020 · 00:15

Cuando en diciembre de 2013 una empresa china lanzó el satélite Túpac Katari, adquirido por Bolivia, el gobierno del presidente Evo Morales, como solía hacer, montó una operación de propaganda de grandes proporciones. El lanzamiento se transmitió en vivo por televisión y pantallas gigantes se instalaron en la Plaza Murillo  para que el público pudiera observar el evento. No faltó nada, incluso hubo dramáticas lágrimas de las presidentas de las cámaras de Diputados y Senadores, Betty Tejada y Gabriela Montaño, respectivamente.

Seis años después ha sucedido lo que los técnicos advertían: el satélite no ha recuperado su alta inversión inicial, de 300 millones de dólares, los efectos esperados sobre las telecomunicaciones en el país todavía están por verse y el aparato no trabaja a su máxima capacidad.

A la inversión hay que añadirle los costos operativos, que han sido muy grandes. Se cree que, en total, incluidos intereses y otros gastos, el satélite le terminará costando al país la friolera de 450 millones de dólares. Supuestamente debería vender servicios por un monto de 40 millones de dólares al año, pero solo vende un poco más de la mitad. 

Hasta hoy, el satélite ha cubierto apenas el 25% del crédito obtenido de China. Está claro que en los nueve años que le restan de vida útil, se recuperará un máximo de 60% de la inversión inicial, pero si se suman todos los costos habrá una posible pérdida de 200 millones de dólares.  

Según el optimista plan inicial del gobierno del MAS, para este año el satélite debería estar al 100% de su funcionamiento y reportando utilidades. El aparato, en realidad, funciona al 66% de su capacidad, en parte porque entidades estatales que firmaron acuerdos con la Agencia Boliviana Espacial, que administra el satélite, no los honraron.

También ha habido cambios en el mercado que han afectado a la empresa. Cuando el Túpac Katari entró en órbita, los precios de los servicios satelitales eran más altos, pero luego fueron bajando velozmente. 

A ello se suma la ampliación de las redes de fibra óptica y el número de antenas tanto de Entel como de otras operadoras privadas, para dar servicio de telecomunicaciones en diversas áreas rurales bolivianas. También estuvo el desorden: la semana pasada, por primera vez en una década representantes de la ABE se reunieron con los de Agetic, Quipus y Entel para encarar trabajos coordinados.  

El satélite es otro más de los numerosos “elefantes blancos” que el gobierno anterior mandó a construir. Fueron proyectos innecesarios, erigidos sólo para satisfacer a Morales y su errada visión de desarrollo.
 

 

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