Editorial

La cultura de la corrupción

miércoles, 26 de febrero de 2020 · 00:15

La corrupción, entendida como la utilización ilícita de las funciones y medios ajenos en provecho propio, es probablemente uno de los delitos más antiguos. No robarás, dice el sexto mandamiento, pero la sabiduría popular, reconociendo la debilidad humana, responde “ante el arca abierta hasta el justo roba”. Así es, y cada día que pasa vemos cómo el Estado ha sido en Bolivia un arca abierta donde han pecado a manos llenas ya no sabemos cuántos funcionarios de todos los niveles.

El MAS no es el primer partido cuyos miembros han aprovechado de la función pública para enriquecerse, para hacer favores a amigos y parientes o para robar para las arcas del partido. Sólo alguien desprovisto de memoria lo sostendría. Sin embargo, no ha habido Gobierno en memoria reciente donde la corrupción haya campeado de manera tan generalizada, descarada y voluminosa.

Si el MAS ha robado más es porque se ha alimentado una cultura de la corrupción desde arriba, y, como dice otro refrán relevante, “cuando el jefe se va a los toros, todos se van a los toros”. El anterior Gobierno, más que cualquier otro, ha dado las señales y ha abierto las puertas a la corrupción gubernamental generalizada.

Con decretos de excepción para evitar licitaciones competitivas, con la consigna de hacer obras que respondían más a objetivos políticos o de promoción personal, y con una casi absoluta ausencia de instancias de control, la corrupción parece haberse descontrolado durante los últimos 14 años. Uno de los mayores crímenes cometidos por este partido es haberle robado a ese pueblo por el que decían que trabajaban.

Lo que ya se sospechaba sale estos días a la luz casi cada día, como un cadáver del que sale pus donde se meta el dedo. Son hechos tan vergonzosos algunos que el ciudadano se tiene que preguntar en qué mundo creían estos funcionarios que vivían. 

La respuesta naturalmente es que vivían en el mundo de la corrupción, el descontrol y la codicia creado por el MAS para perpetua vergüenza. 

Pero, lastimosamente, la corrupción es un mal endémico que no se ha ido con Evo Morales al exilio. En el actual Gobierno las cosas no van mucho mejor: en los últimos días en tres ministerios del gobierno de Jeanine Añez estallaron casos de corrupción: en Comunicación, Culturas y Educación. En el primer y segundo despacho la sindicación es por cobro de “diezmos”; en el tercer ministerio  por venta de cargos. Tres casos “gordos” en apenas tres meses de gestión, al que hay que sumar el cobro de finiquitos ilegales en Entel.

El caso más grave es el de la viceministra de Educación Alternativa y Especial, Yola Nery Mamani Callisaya, quien fue denunciada por supuestamente vender cargos en ese despacho. Ese hecho se conoció a través de un video que circuló la semana pasada. Hay acusaciones de varias personas que habrían sido afectadas. Horas más tarde, Mamani Callisaya fue aprehendida por la Policía.

Luego,  dos ejecutivos del Ministerio de Comunicación, Henry M.D. y Eugenio H., quienes fueron sindicados de presuntamente pedir  el 10% a cambio de adjudicar publicidad en medios de comunicación escritos.

En el caso de Culturas, también se denunció un caso de supuesto cobro de “diezmo”. “No voy a permitir ningún hecho de corrupción y asumiré acciones rápidas ante cualquier denuncia de actos irregulares”, afirmó ayer la ministra de Culturas y Turismo, Martha Yujra.

Es decir que la práctica de la venta de cargos, tan criticada en la anterior gestión  está siendo emulada en la presente.

Es muy triste esa conclusión, pues lo único que se evidencia es que no hay lucha contra la corrupción que valga porque todos quienes “asaltan” las instituciones del Estado lo hacen para enriquecerse lo más rápida y fácilmente posible.

Curiosamente el MAS, del que  hablamos abundantemente en los últimos 14 años por infinidad de hechos irregulares, ahora critica la corrupción en este Gobierno. A este paso, no habrá quién pueda echar la primera piedra.
 

 

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