Editorial

Todos contra el MAS, pero divididos

viernes, 07 de febrero de 2020 · 00:15

Desde el 3 de febrero Bolivia está embarcada en la campaña electoral con la única certidumbre de que ocho candidatos buscan la Presidencia, de los cuales, siete pretenden hacerle frente al Movimiento Al Socialismo (MAS). En resumen, todos van contra el MAS, pero cada quien lo hace por su lado porque fracasó el intento del Comité Pro Santa Cruz de conformar un frente único.

Hay que reconocer que la idea de conformar un solo bloque es absolutamente quimérica porque existen muchas diferencias entre los candidatos en su posicionamiento ideológico y político. 

Pero, así como es difícil, la conformación de un frente único es aparentemente necesaria porque, según las encuestas, el MAS sigue siendo el partido mejor posicionado.  Eso quiere decir que, más allá de si gana o pierde la Presidencia, el partido de Evo Morales tendría una bancada parlamentaria fuerte que provocaría serios problemas de gobernabilidad en la eventualidad de que un partido no masista entre al Palacio.

En previsión de aquello, el Comité pro Santa Cruz convocó al denominado “Encuentro nacional por la unidad de Bolivia”, en el que justamente fracasó la unidad. Los asistentes, en vez de generar acercamientos, se lanzaron acusaciones y reproches. Por ejemplo, Luis Fernando Camacho acusó al ministro de Gobierno, Arturo Murillo, de presionar a los presos y perseguidos políticos para que no apoyen su candidatura.

“Su gobierno, a través del ministro Murillo, presiona a nuestros presos y perseguidos políticos para que no apoyen a Camacho por sus juicios que tienen pendientes”, le dijo   Camacho a Jeanine Añez, a lo que Murillo respondió que “jamás podría perseguir a nadie”. Y, para recordar  al candidato de lo que es capaz, agregó: “Yo no grabo, no extorsiono”.

También hubo reproches a la presidenta Añez por haber decidido postularse porque ello implicaría una ventaja sobre los demás. Y no faltó el que observó que la mandataria se haya sentado en la testera junto a los cívicos, mientras que los demás candidatos estaban entre el público.

En síntesis, los candidatos salieron más desunidos que nunca, directo a afinar sus listas para presentarlas al Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Lo único que firmaron es un documento en el que se comprometen a volver a reunirse dentro de dos meses para evaluar el avance de la campaña electoral, además de llevar adelante una campaña limpia, de transparentar sus cuentas para hacer proselitismo y buscar el consenso parlamentario, una vez que se instale el nuevo gobierno.

La mayoría de los candidatos con expectativas de lograr una buena votación se sienten el centro de la unidad y consideran que los demás deben unirse a sus respectivas fórmulas.

En ese marco, la candidata de Juntos, Jeanine Añez, ha suscrito acuerdos con Unidad Nacional, Sol.Bo y otros partidos regionales, que antes eran aliados de Carlos Mesa.

Comunidad Ciudadana también logró algunos acuerdos regionales, aunque perdió a sus principales aliados de octubre del año pasado. Entre tanto, Luis Fernando Camacho se unió a los partidos tradicionales que si bien tienen una gran sigla, carecen de arrastre popular, como UCS y MNR.

Para aumentar confusión al asunto, ADN resucitó para presentar su propio binomio y el único que se bajó de la candidatura es Félix Patzi que, entre todos los no masistas, era el único que podía restar votos al partido de Morales.

Ahora, la pelota queda en la cancha de la ciudadanía que podría  dar  una lección a la clase política concentrando el voto en una o dos opciones, tal como sucedió en octubre pasado.

Por lo demás, el MAS tiene la mesa servida;  sin embargo, hay que considerar que las condiciones han cambiado porque ahora está golpeado y dividido a tal punto que los líderes que apostaron por la pacificación terminaron excluidos de las listas, los que seguramente no ayudarán en la campaña de Luis Arce. Con todo, su presencia parece seguir siendo fuerte.
 

 

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