Editorial

Acuerdo con Brasil, pero cae el precio

martes, 10 de marzo de 2020 · 00:15

En un país con una economía monoproductora, no puede ser sino una buena noticia que se haya logrado la renovación del contrato de venta de gas con Brasil. El contrato había fenecido en 2019, después de 20 años de vigencia, pero el gobierno anterior no pudo conseguir su continuación y el país ingresó en una especie de limbo al respecto.

La semana pasada, finalmente, en parte gracias a las mejores relaciones que viven ambos gobiernos, las empresas YPFB y Petrobras lograron el acuerdo. Se basa en que el precio seguirá  indexado al del petróleo, lo que da cierta garantía de mejores ingresos. El precio internacional del gas natural licuado es por lo general más bajo que el del petróleo.

Donde la economía boliviana verá un decremento en sus ingresos es en los volúmenes a ser vendidos. La adenda firmada establece que YPFB debe entregar como mínimo 14 millones de metros cúbicos de gas por día y un máximo de 20 millones. Antes el mínimo establecía 24 millones y el máximo, 30,08 millones de metros cúbicos.

De todos modos, es bueno establecer que en 2019 el mercado brasileño solo adquirió un promedio de 12 millones de metros cúbicos diarios. Por eso se puede decir que el acuerdo actual es más realista.

El presidente de YPFB, Herland Soliz, explicó que la adenda establece que cuando la venta de gas sea mayor a los 14 millones de metros cúbicos, el volumen excedentario cubrirá la deuda que tiene Bolivia con Brasil  por energía no entregada.

YPFB estimó que, dependiendo de los precios internacionales del petróleo, Bolivia obtendrá entre 4.000 y 6.000 millones de dólares en los próximos seis años.

Es bueno señalar que una semana después de la firma del acuerdo se produjo a nivel internacional una de las más fuertes caídas del precio del petróleo. Ello, sin duda, afectará los ingresos fiscales del país, que había calculado el Presupuesto General considerando un precio de 59,87 dólares el barril.

El lunes 9, los precios del crudo sufrieron un colapso histórico después de la decisión de Arabia Saudita de inundar el mercado y lanzarse a una guerra de precios contra Rusia, su antiguo aliado. El petróleo en Estados Unidos, de referencia para Bolivia, cayó hasta los 30 dólares por barril. En enero pasado estaba en 65 dólares.

La explicación de la caída es que Rusia no aceptó la decisión de la OPEP de reducir la producción para mantener los precios más altos. Ello generó la reacción saudí, que tiene bajos costos de producción y que, por lo tanto, puede darse el lujo de ayudar a promover la baja de precios, sin dificultades para su economía.

También la decisión de ese reino árabe parece estar destinada a afectar a las empresas de EEUU que extraen crudo mediante fracking, ya que éstas necesitan precios más altos para que sus emprendimientos sean rentables. Cuando caen los precios, les es más difícil mantenerse a flote.

Esta semana se produjo también, debido a la crisis generada por el coronavirus, la caída de las bolsas de todo el mundo, en algunos casos a niveles mayores a los de la crisis hipotecaria de 2008. Las caídas van del 3,5% al 11%, dependiendo de los diferentes países. Los agentes económicos ya analizan la posibilidad de una recesión internacional.

Como sea, el país necesita hallar nuevos campos de gas. En la última década, esos hallazgos han sido muy reducidos, prácticamente nulos, y la industria hidrocarburífera se sigue manteniendo por los descubrimientos anteriores al inicio del expresidente Evo Morales. Ahora YPFB ha decidido aumentar los presupuestos de exploración, y reducir los de explotación, precisamente para intentar encontrar nuevos reservorios. Eso servirá para poder honrar el acuerdo con Brasil y el que existe con Argentina, que vence en  2026.

Pero más allá de eso, Bolivia requiere reflexionar sobre la necesidad de diversificar su economía e intentar exportar productos con mayor valor agregado. Ese sigue siendo el desafío mayor del país, si quiere  ingresar al desarrollo sostenible y de largo plazo, que no dependa de los vaivenes de los precios de las materias primas.
 

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