Editorial

Censura: 2 visiones no democráticas

jueves, 12 de marzo de 2020 · 00:15

La democracia se basa, entre otros elementos, en el equilibrio de poderes. El concepto detrás de esa idea es que el gobierno no puede tener todas las prerrogativas, como las que gozaban los soberanos de hace algunos siglos. El Legislativo, en ese sentido, representa al pueblo, por lo menos en teoría, y tiene como una de sus principales funciones fiscalizar al poder. La justicia, por su parte, debería asegurar que los derechos de las personas sean respetados por igual, con la máxima de que nadie está por encima de la ley.

Durante la historia boliviana estos preceptos  no han sido respetados. La recuperación de la democracia, en 1982, sin duda implicó un avance importante, pero incompleto, para luego tener retrocesos evidentes durante los 14 años de  régimen del MAS.

Pero el país vuelve a tener los mismos impulsos del pasado. El cambio de gobierno no ha ayudado en la mejora de los derechos humanos. Y un neoautoritarismo es cada vez más evidente. Ello se demuestra en la actitud asumida por el gobierno respecto de la censura sufrida por el ministro de Defensa, Fernando López. Fue convocado por el Legislativo, ya que esa es precisamente una de sus atribuciones. Como López no acudió en tres ocasiones a las audiencias de los parlamentarios, fue finalmente censurado por los dos tercios de los votos del MAS. La presienta Jeanine Añez primero destituyó a López, cumpliendo con lo que señala, con claridad, la Constitución, pero luego, en una muestra de fuerza, lo restituyó en el cargo. Parece una jugarreta.

Con esta actuación, el gobierno se complica ante posibles acusaciones futuras, pero también porque irrita a la oposición: ¿qué hará en los casos de las otras posibles censuras? ¿Destituir a todos los ministros por unas horas y luego reponerlos en sus cargos?

Pero tampoco el MAS tiene moral para quejarse. Ese partido usó y abusó de su mayoría parlamentaria durante 14 años, impidiendo cualquier actividad fiscalizadora. De hecho, ni siquiera se podía llevar adelante un proceso ordenado en ese sentido, aunque terminara con la absolución de las antiguas autoridades, porque  la bancada masista impedía que la antigua oposición pudiera expresarse. 

La connivencia entre los representantes del Legislativo y el Ejecutivo de ese entonces negó, por ello, la posibilidad de examinar cualquier posible irregularidad. Por ello, los partidarios de Evo Morales no pueden ahora rasgarse las vestiduras y exigir que se cumplan las normas que ellos mismos violaron en su momento.

Todo esto es lamentable, demuestra que en los dos bandos de la vida política nacional, oficialismo y oposición, no existe el menor deseo de cumplir con lo establecido por las instituciones democráticas. Si se puede torcer las normas, así se hará.

Desde otro punto de vista, los operadores del gobierno muestran también su limitada visión: sabían perfectamente que la mayoría del MAS era una amenaza para la gestión y no hicieron nada para evitar que actuara. Todo lo contrario. En vez de intentar un diálogo con las facciones moderadas del MAS, precisamente los presidentes de ambas cámaras, Eva Copa y Sergio Choque, el oficialismo hizo lo contrario. Esas facciones le dieron al gobierno la ley electoral, marginando a Morales de la papeleta de votación, pero no obtuvieron nada a cambio. La visión dura de las autoridades alienó a los moderados del MAS y los devolvió a los brazos de los sectores más radicales, que precisamente domina Evo Morales desde Buenos Aires. Existen versiones, por ejemplo, de que la presidenta Añez nunca quiso recibir a Copa para desarrollar reuniones de coordinación.

Se impuso así la visión que proviene del Ministerio de Gobierno, en sentido de que la manera de vencer al MAS es con mano dura. Los hechos han demostrado que esa es estrategia fallida: el MAS se ha reconfigurado, su candidato está primero en las encuestas, con posibilidades reales de ganar en primera vuelta, y los moderados de esa fuerza se han plegado al resto del partido. Como dice el dicho, “se atrapan más moscas con miel que con hiel”.
 

 

 

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