Editorial

La inhumanización del país ante el Covid-19

viernes, 13 de marzo de 2020 · 00:15

La confirmación de que en Bolivia existen personas contagiadas por el coronavirus ha generado verdadera preocupación. Como en otros países, se han agotado las reservas de alcohol en gel y barbijos y se ha generado una espiral de rumores y mala información. Y como se sabe, el pánico es lo peor en estas circunstancias.

Las autoridades han tomado algunas decisiones importantes, como suspender las clases en todos los niveles y los vuelos desde Europa, una medida similar a la asumida un día antes por el Gobierno estadounidense.

Los partidos políticos, de manera paralela, han decidido suspender todos los actos públicos, en el entendido de que es en las aglomeraciones donde se puede transmitir la enfermedad con mayor facilidad. El Gobierno refrendó esa postura para todos los actos en los que asista el público de manera masiva, además de instalarse un gabinete interinstitucional para enfrentar a la enfermedad.

Pero donde se han demostrado todos los traumas, complejos y susceptibilidades de la sociedad boliviana es en la reacción de vecinos y de personal de salud que se movilizaron para impedir que las enfermas de Oruro y Santa Cruz pudieran ser atendidas médicamente. La mujer de Oruro está aislada en su casa, pero la de Santa Cruz tuvo que “peregrinar” por varios nosocomios antes de ser atendida, luego de haber sido prácticamente expulsada del centro de salud de San Carlos. ¡Finalmente, terminó en unas oficinas de la Gobernación!

Esta actitud no es justificable en ningún caso, pese al argumento de que los hospitales tienen carencias y que su personal no fue capacitado para la epidemia. Pero, es aún más condenable cuando se trata de médicos y otros funcionarios de salud que, se supone, hicieron el juramento hipocrático para prestar servicios de salud a todos los seres humanos.

La protesta, que incluyó bloqueos, pancartas e incluso estallidos de petardos, ha generado consternación internacional. Desde que apareció el virus en China, no se había registrado un país tan intolerante como el nuestro.

Esta situación muestra, además de lo anotado, un grado enorme de ignorancia y de inhumanidad. Esto sobrepasa todos los límites que se pudieran imaginar. ¿Qué esperan esas personas que suceda con los portadores del virus? ¿Simplemente que se queden en sus casas, empeorando su estado, o quizás esperando la muerte?

También refleja la mala situación de los recintos de salud, tras 14 años de dilapidación del Gobierno anterior, en la que no existen salas apropiadas para mantener a los pacientes en cuarentena.

Está claro que el sistema de salud boliviano es menos que precario.
 

 

 

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